El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha abierto un complejo escenario militar y político para Washington, obligando a la Casa Blanca a evaluar el verdadero costo de reconstruir y proteger sus instalaciones militares en el Medio Oriente.
Así lo explicó el analista Agustín Berea, quien advirtió que, si bien EE. UU. tiene la capacidad de atacar la infraestructura civil y estratégica de Irán, dar ese paso podría provocar una respuesta iraní masiva contra países vecinos, ampliando peligrosamente el alcance de la guerra.
El costo de mantener las bases Un elemento central del análisis es la vulnerabilidad de las bases estadounidenses, varias de las cuales han sufrido ataques con drones y misiles. La cercanía con Irán reduce drásticamente el tiempo de reacción para interceptar proyectiles, lo que ya ha obligado a reubicar personal hacia zonas más seguras.
Para Berea, la cuestión no es si Washington tiene el dinero para reconstruir las instalaciones dañadas, sino evaluar su utilidad real.
“La verdadera pregunta es: ¿cuánto cuesta mantenerlas, cómo las defiendo y qué gano si las tengo?”. — Agustín Berea, analista.
En un eventual proceso de negociación, Washington podría aceptar reducir su presencia militar en ciertos puntos, no por falta de presupuesto, sino porque el riesgo estratégico supera los beneficios.
La inevitable mesa de negociación Berea recordó que la guerra solo terminará por la derrota total de uno o mediante un acuerdo político. Mientras ambos bandos sientan que pueden ganar algo, el conflicto seguirá. Los tres grandes temas sobre la mesa continúan siendo: el programa nuclear de Teherán, sus misiles balísticos y un eventual cambio de régimen.
El desafío para Estados Unidos es decidir cuánto está dispuesto a pagar —política, económica y militarmente— para imponer sus condiciones. Para Irán, la resistencia puede otorgarle poder de negociación, pero prolongar la guerra devastará su economía.
Finalmente, Berea plantea que el conflicto dejará un nuevo mapa de despliegue militar estadounidense en Medio Oriente. Irónicamente, la guerra podría terminar modificando justo lo que pretendía preservar: la hegemonía de la presencia militar de EE. UU. en la región.
(Amirhosein Khorgooi/ISNA via AP, Archivo)