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A cinco años de las históricas manifestaciones del once de julio las condiciones de vida en Cuba son mucho peores

por Actualidad Radio

A pocos días de conmemorarse el quinto aniversario de las históricas protestas del 11 de julio de 2021, la periodista independiente cubana Mónica Baró aseguró que el principal indicador de la vulnerabilidad del régimen es que las manifestaciones de descontento ciudadano no han cesado, a pesar del férreo aparato represivo y judicial desplegado en la isla.

Durante una entrevista conducida por los comunicadores Carlos Acosta y Agustín Acosta, Baró sostuvo que la protesta social en Cuba se ha legitimado como un mecanismo de expresión para amplios sectores de la población que ya no temen reclamar sus derechos en el espacio público.

“La protesta en Cuba no ha cesado. Lo importante es que los ciudadanos entiendan que tienen derecho a reclamar y que las calles también les pertenecen”. — Mónica Baró, periodista.

La comunicadora recordó que el estallido social de 2021 comenzó de forma focalizada debido a los cortes de electricidad en San Antonio de los Baños, pero rápidamente se transformó en una movilización nacional que exigió el fin del sistema político vigente.

A su juicio, la sociedad cubana ha experimentado un acelerado proceso de concientización ciudadana, evidenciado en las recientes protestas registradas en diversas provincias del interior del país.

Condiciones críticas y el factor sorpresa

Al evaluar la posibilidad de nuevas manifestaciones masivas, Baró aclaró que no anticipa una movilización planificada u organizada para la fecha del aniversario, sino la gestación de un eventual estallido espontáneo debido a que las condiciones socioeconómicas actuales son drásticamente peores que las de hace cinco años.

La población enfrenta una severa crisis marcada por:

  • Prolongados y sistemáticos apagones eléctricos en todo el territorio nacional.

  • Desabastecimiento agudo de alimentos básicos y encarecimiento del costo de vida.

  • Deterioro extremo de los servicios públicos esenciales y colapso de la red de salud.

La periodista advirtió que el recuerdo de la violenta respuesta estatal de 2021 —marcada por la «orden de combate» emitida por Miguel Díaz-Canel y las condenas ejemplarizantes contra ciudadanos comunes— permanece fresco en la memoria colectiva, lo que podría cambiar la dinámica de reacción de la ciudadanía ante un nuevo escenario de confrontación.

Diplomacia como mecanismo de oxígeno

En la sección final de su análisis, Baró desmitificó las reiteradas declaraciones de la cancillería cubana sobre su presunta disposición a negociar con los Estados Unidos sin alterar el modelo de partido único. La periodista argumentó que la estrategia histórica de La Habana consiste en simular aperturas para ganar tiempo y obtener alivios financieros, retomando el discurso de confrontación radical una vez superada la crisis, tal como ocurrió en los acercamientos de finales de la década de 1970 y durante la normalización impulsada en la era de Barack Obama.

Sin embargo, concluyó señalando que el contexto internacional actual es mucho más adverso para la cúpula gobernante, debido al vacío de los subsidios económicos que antes proveían la Unión Soviética y Venezuela, sumado al irreversible declive biológico de la dirigencia histórica de la revolución.

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