Raúl Guillermo Rodríguez Castro, de 42 años y conocido popularmente como «El Cangrejo», ha emergido como un negociador no oficial entre La Habana y Washington. En una serie de entrevistas exclusivas para medios estadounidenses, el nieto del expresidente cubano Raúl Castro expresó su disposición a dialogar directamente con la administración del presidente Donald Trump para definir el futuro de la isla. Sin embargo, aclaró de manera tajante que no está dispuesto a sacrificar la soberanía del país ni los principios de la revolución cubana.
Aunque no ocupa un cargo gubernamental formal, Rodríguez Castro ostenta el grado de coronel en el Ministerio del Interior, fue escolta de su abuelo y tiene un rol clave apoyando a GAESA, el opaco y poderoso conglomerado económico administrado por las fuerzas armadas cubanas. El Gobierno estadounidense parece considerarlo un posible puente de comunicación, lo cual se evidencia en el hecho de que no ha sido incluido en las recientes listas de sanciones emitidas por Washington contra funcionarios del régimen.
Para Luis Domínguez, de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba, Estados Unidos busca en él a un interlocutor capaz de llegar a acuerdos con La Habana debido a que es «la única persona en la que el abuelo confía ciegamente». Aunque no ha habido un acercamiento directo entre la administración Trump y el actual gobernante cubano Miguel Díaz-Canel, Rodríguez Castro sostiene que actúa en total sintonía y coordinación con este último.
Entre los detalles más reveladores sobre sus gestiones políticas y acercamientos con Estados Unidos, destacan:
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El nieto de Castro aseguró haber utilizado su influencia para impulsar más de 170 recientes medidas de reforma económica en la isla.
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Estas reformas incluyen un plan para compensar a los ciudadanos cubanos y estadounidenses que sufrieron confiscaciones de sus bienes durante la revolución.
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Indicó que, bajo las condiciones adecuadas, estaría dispuesto a liberar a quienes son considerados presos políticos.
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Rodríguez Castro conversó por primera vez con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en enero, poco después de la captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro.
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Se reunió personalmente con Rubio un mes después en San Cristóbal y Nieves, en el marco de una cumbre de CARICOM.
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Estuvo presente en mayo durante la visita a La Habana del director de la CIA, John Ratcliffe.
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Envió una carta secreta a Donald Trump en abril proponiendo cooperación económica y el fin de las sanciones, pero el documento fue interceptado por autoridades estadounidenses en el aeropuerto de Miami.
Contraste entre crisis humanitaria y privilegios
Más allá de sus intenciones diplomáticas, las declaraciones de Rodríguez Castro han desatado una ola de críticas en redes sociales debido al fuerte contraste entre la profunda crisis que atraviesa Cuba y su ostentoso estilo de vida.
Durante las entrevistas, Rodríguez Castro lució ropa de diseñadores como Hugo Boss, zapatos Hermès, un reloj Rolex de acero inoxidable y reveló que guarda documentos de Estado en un maletín de cuero Salvatore Ferragamo. Además, hizo alarde de sus viajes al extranjero en jets privados, su asistencia a juegos de los Yankees de Nueva York en asientos preferenciales y su afición por bebidas como el Aperol Spritz y exclusivos vinos de California. El funcionario justificó estos lujos argumentando que él no posee riquezas propias y que todos sus viajes y vehículos costosos son pagados por amigos adinerados y admiradores.
Una de las frases que generó mayor controversia fue su lamento sobre la situación económica de los cubanos: «Me duele mucho que las personas no puedan vivir como yo». Seguidamente, añadió que le pesa ver a la gente pasar trabajo y que labora a diario para revertir esa realidad, llegando a imaginar una Cuba futura en la que sus compatriotas puedan comprar productos exclusivos como foie gras en los supermercados.
