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Trump ante el «muro» iraní: Entre la amenaza de un ataque total y la diplomacia estancada

por Actualidad Radio

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se ha considerado por encima de todo un negociador eficaz, pero parece haberse topado con un muro con Irán, donde su retórica dura, sus amenazas e incluso la acción militar no han movido a Teherán de sus posiciones arraigadas desde hace tiempo.

Con objetivos cambiantes que dificultan evaluar los resultados de la intervención de Estados Unidos, Trump y sus principales asesores han insistido en que Estados Unidos ya ganó la guerra y que Irán está listo para alcanzar un acuerdo tras la escalada de amenazas estadounidenses durante un frágil alto el fuego.

Pero Trump volvió a dar marcha atrás y afirmó el lunes que había puesto en pausa los planes para una reanudación inminente de los ataques a petición de los estados árabes del Golfo porque “ahora se están llevando a cabo negociaciones serias y que, en su opinión, como Grandes Líderes y Aliados, se logrará un Acuerdo, que será muy aceptable para los Estados Unidos de América, así como para todos los países de Oriente Medio y más allá”.

Aunque dijo que había cancelado los ataques previstos para el martes, Trump mantuvo la fanfarronería y señaló que les dijo a los líderes militares “que estén preparados para avanzar con un asalto total, a gran escala, contra Irán, en cualquier momento, en caso de que no se alcance un Acuerdo aceptable”. Trump ha fijado repetidamente plazos para Teherán y luego se ha echado atrás.

Pese al creciente malestar interno, una economía paralizada y la muerte de muchos de sus dirigentes, no hay indicios de que Irán esté dispuesto a satisfacer las exigencias de Trump, muchas de las cuales ha rechazado desde hace tiempo. De hecho, se ha atrincherado. Eso ha dejado sin cumplir los principales objetivos declarados por Trump: Irán aún no ha aceptado abandonar su programa nuclear ni su desarrollo de misiles balísticos, ni cesar el apoyo a sus aliados en la región, incluidos los de Gaza, Irak, Líbano y Yemen.

La Casa Blanca defendió el lunes la estrategia del presidente y afirmó que “la preferencia de Trump es siempre la paz y la diplomacia”, pero sólo aceptará un acuerdo que ponga a Estados Unidos primero. “El presidente Trump tiene todas las cartas y, con sabiduría, mantiene todas las opciones sobre la mesa para garantizar que Irán nunca pueda tener un arma nuclear”, expresó en un comunicado a The Associated Press la portavoz Olivia Wales.

Irán tiene influencia con el estrecho de Ormuz

De manera crucial, Irán aún mantiene un férreo control sobre el estrecho de Ormuz, una vía marítima vital para los suministros mundiales de petróleo, incluso mientras el ejército de Estados Unidos ha impuesto su propio bloqueo a los puertos iraníes. Las bruscas oscilaciones que siguieron en el mercado energético global han elevado los precios de la gasolina, perjudicando a los consumidores estadounidenses y generando posibles problemas para el Partido Republicano de Trump de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre.

El manual de Trump de aumentar la presión —económica y militar— para doblegar a gobiernos extranjeros a su voluntad no está funcionando en Irán como lo ha hecho en Venezuela, Cuba y otros lugares. Los bloqueos petroleros han asfixiado a esos dos países y el gobierno de Trump expulsó rápidamente al líder venezolano Nicolás Maduro, pero no cuentan con una ficha de negociación tan eficaz como el control de Irán sobre el estrecho de Ormuz.

Mientras la guerra con Irán eleva los costos para los estadounidenses, el índice de aprobación de Trump en materia económica ha caído, según una encuesta de AP-NORC realizada el mes pasado, y hasta los republicanos muestran menos confianza en su liderazgo.

Pese a toda la retórica de Trump, Irán no ha estado dispuesto a aceptar limitaciones a ninguna de sus políticas que vayan más allá de lo que concedió durante las negociaciones de un acuerdo nuclear con las potencias mundiales durante el gobierno de Obama. Trump lo calificó como el “peor de la historia” negociado por Estados Unidos y se retiró de él en su primer mandato, en 2018.

Desde que una frágil tregua en la guerra entró en vigor el mes pasado, Trump ha arremetido contra el lento ritmo de las negociaciones para alcanzar un acuerdo permanente.

“Para Irán, el reloj está corriendo, y más les vale moverse, RÁPIDO, o no quedará nada de ellos”, escribió Trump el domingo en redes sociales, poco después de una llamada con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

La respuesta iraní fue rápida. Mohsen Rezaei, asesor militar del líder supremo de Irán, declaró en la televisión estatal: “Los dedos de nuestras fuerzas armadas están en el gatillo, mientras la diplomacia también continúa”.

Ninguna de las partes se ve derrotada, dice un experto

Ali Vaez, director para Irán del International Crisis Group, quien ha seguido durante años la diplomacia infructuosa entre Washington y Teherán, afirmó que ninguno de los viejos adversarios se ve a sí mismo como derrotado por el conflicto más reciente.

“Desde que entró en vigor el alto el fuego, tanto Washington como Teherán parecen estar trabajando bajo el supuesto de que el tiempo juega a su favor: cada uno cree que el bloqueo y el contrabloqueo en el estrecho de Ormuz elevan los costos para la otra parte, al tiempo que dan un respiro para prepararse ante una posible reanudación de las hostilidades”, explicó Vaez.

Pese al impacto de la campaña de presión económica de Estados Unidos, los funcionarios iraníes no han alcanzado el umbral de dolor “hasta el punto de aceptar lo que percibe como exigencias capitulatorias”, indicó.

David Schenker, ex subsecretario de Estado para Oriente Medio en el primer gobierno de Trump y actualmente en The Washington Institute for Near East Policy, describió la situación actual como “un estancamiento”.

Afirmó que Trump probablemente tiene “reservas” sobre volver a un conflicto militar a gran escala, especialmente por la ansiedad de los estados árabes del Golfo ante una represalia iraní y por la volatilidad de los mercados energéticos, con sus implicaciones políticas en Estados Unidos.

Rich Goldberg, un halcón respecto a Irán y exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional en ambos gobiernos de Trump, que ahora trabaja en el centro de estudios Foundation for Defense of Democracies, insistió en que Trump sigue operando desde una posición de fuerza, incluso con el estrecho de Ormuz.

Goldberg, quien tiene un interés especial en el dominio energético estadounidense, sostuvo que, si bien reabrir el estrecho aliviaría el “dolor en el surtidor” que sienten muchos estadounidenses, no era algo crítico.

“El dolor a corto plazo en el surtidor está distrayendo a la gente del dominio energético general de Estados Unidos”, afirmó. “Esto no es una crisis permanente”.

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