El coronel Héctor Torres, exoficial de fuerzas especiales y especialista en inteligencia militar, analizó la estrategia de Estados Unidos frente a Irán, advirtiendo que Washington podría estar optando por una política de presión económica prolongada en lugar de un nuevo despliegue masivo de tropas y armamento.
Durante su análisis, Torres sostuvo que la estrategia de la administración estadounidense está experimentando un cambio: en lugar de depender exclusivamente de ataques militares de gran escala, Washington busca ejercer una presión asfixiante sobre el régimen iraní para debilitarlo y forzar un cambio político.
El coronel explicó que una invasión terrestre tendría un costo político y militar demasiado elevado. Además, destacó el enorme gasto que representa el armamento empleado en estas operaciones —con municiones que pueden superar el millón de dólares por unidad—, mientras Estados Unidos debe mantener simultáneamente sus compromisos con otros aliados y cuidar sus reservas estratégicas.
«La nueva estrategia se describe como una especie de ‘estrangulamiento económico’: una campaña que no produce resultados inmediatos, pero que incrementará progresivamente las dificultades del régimen iraní». — Coronel Héctor Torres.
El factor tiempo: la ventaja de Irán
El especialista señaló que el principal desafío para Washington es que Irán juega con una ventaja innegable: el tiempo. Mientras el gobierno estadounidense enfrenta constantes ciclos electorales y presiones políticas internas, la dictadura iraní no rinde cuentas en las urnas. Según Torres, Teherán intentará prolongar el conflicto, esperando que las dificultades políticas internas en EE. UU. terminen debilitando la posición de la Casa Blanca en esta «guerra de resistencia».
Sin embargo, aclaró que esta postura económica no descarta la vía armada. Un cruce de líneas rojas —como una amenaza nuclear inminente o un ataque contra Israel o los países del Golfo— desataría una respuesta militar estadounidense de gran magnitud.
Ormuz y el papel de Rusia y China
Sobre el estrecho de Ormuz, Torres enfatizó que al ser un paso marítimo internacional, su uso no puede quedar sometido al chantaje de un solo país. Sugirió que las naciones productoras del Golfo Pérsico busquen rutas alternativas hacia el océano Índico y el mar Rojo para evitar exponer sus buques petroleros.
Asimismo, destacó que potencias como Rusia y China son factores decisivos. Cualquier asistencia económica, tecnológica o militar proveniente de Pekín o Moscú podría proporcionar a Teherán el “oxígeno” necesario para prolongar su resistencia, complicando el tablero geopolítico.
¿Un ataque contra la cúpula del régimen?
Hacia el final de su intervención, Torres planteó un escenario táctico clave: si la escalada continúa, una futura operación estadounidense podría tener como objetivo principal descabezar a la dirigencia iraní. Aunque la cúpula del régimen se encuentra dispersa, la inteligencia estadounidense podría concentrar sus esfuerzos en localizar y neutralizar a la alta jerarquía política y militar.
El coronel concluyó que el conflicto se ha convertido en una prueba de paciencia. La clave estará en determinar quién pierde primero la capacidad de sostener la confrontación: si Irán cede ante el colapso económico y militar, o si Estados Unidos retrocede ante el inmenso costo político y estratégico de mantener la presión.
(Amirhosein Khorgooi/ISNA via AP, Archivo)