El periodista y escritor Rubén Cortés asegura que la supervivencia cotidiana en la isla depende del apoyo directo del exilio y no de la gestión estatal. Cortés identifica al turismo, la ayuda externa y, fundamentalmente, las remesas como los tres pilares que mantienen a flote al sistema cubano actual.
El analista describe un flujo constante de envíos desde ciudades como Miami que funciona como un «puente aéreo» de abastecimiento vital. Según Cortés, el gobierno se desentiende de las necesidades básicas de la población, dejando que sea la diáspora quien asuma la carga de proveer alimentos y medicinas.
El escritor resalta la profunda desigualdad en la isla, donde la élite gobernante asegura sus privilegios mediante acuerdos internacionales de gran escala. Mientras tanto, el ciudadano común sobrevive gracias a lo que llega en las maletas de sus familiares desde el extranjero, un fenómeno que las sanciones no logran sustituir.
Cortés cuestiona la efectividad de las medidas internacionales al señalar que no cubren el rol crítico de las remesas en la vida diaria. Finalmente, advierte que el gran desafío será reconstruir la institucionalidad del país en un proceso de transición estructural que denomina la etapa post-Castro.