El especialista en seguridad e inteligencia Arturo Grandón afirmó en una entrevista analítica que Cuba continúa representando un desafío latente para la seguridad hemisférica de los Estados Unidos y de diversos países de América Latina, debido a su sostenida influencia política, sus redes de operaciones de inteligencia y su capacidad de injerencia en los asuntos internos de otras naciones.
Grandón señaló que, desde una perspectiva histórica, el aparato de contrainteligencia de La Habana ha mantenido presencia en escenarios tan diversos de África, Asia y Europa, participando activamente en acciones destinadas a influir en procesos electorales y respaldar movimientos afines a su ideología. Asimismo, sostuvo que dicha proyección no solo se articularía a través de los canales tradicionales del G2, sino mediante otras estructuras de fachada internacional, como las misiones civiles y médicas, cuyos integrantes —según su evaluación particular— cumplirían funciones de influencia política.
El silencio como herramienta estratégica
Profundizando en las tácticas operativas de la inteligencia cubana, el experto explicó que el manejo y la supresión de la información constituyen armas fundamentales en su doctrina:
“Quedarse voluntariamente callado, sin decir absolutamente nada, también forma parte de una estrategia para hacer que el enemigo perciba lo que puede ser o no ser real”. — Arturo Grandón, especialista en seguridad.
Bajo este principio, la contrainteligencia de la isla operaría con amplia experiencia en desinformación y guerra psicológica, lo que a su juicio obliga a mantener una vigilancia permanente y crítica sobre sus movimientos en la región.
Preocupaciones geopolíticas y narcotráfico
Durante la conversación, el analista abordó los reportes no confirmados sobre un eventual suministro de drones militares por parte de Irán hacia Cuba. Aunque reconoció que los organismos de inteligencia no han emitido una confirmación oficial al respecto, advirtió que la sola posibilidad mantiene en alerta a las autoridades de defensa estadounidenses debido a la vulnerabilidad que representarían estos sistemas para instalaciones estratégicas como la base naval de Guantánamo y la península de Florida.
Finalmente, Grandón cuestionó la falta de decisiones enérgicas por parte de Washington frente a expedientes que —aseguró— llevan décadas acumulándose en las agencias federales, señalando que el narcotráfico y la corrupción transnacional actúan como catalizadores de desestabilización que erosionan la institucionalidad democrática de la región.
(AP Foto/Ramón Espinosa)