La reciente ofensiva conjunta contra la organización criminal Tren de Aragua en Venezuela marca un punto de inflexión en la estrategia de seguridad del país. Según Phil Gunson, analista sénior del International Crisis Group, esta operación no solo busca desmantelar la estructura delictiva, sino asegurar zonas mineras estratégicas en los estados Bolívar y Amazonas.
«Si de lo que se trata es de invitar al capital norteamericano y a empresas mineras internacionales a volver a la región, tiene que haber seguridad física de forma garantizada». — Phil Gunson.
Los desafíos de la clandestinidad
Gunson advirtió que, aunque el despliegue de las fuerzas del orden fue «espectacular», recuperar el control territorial total será una tarea sumamente compleja debido a la presencia de múltiples grupos armados y bandas que operan en la clandestinidad. Sobre la estructura del Tren de Aragua, explicó que no es estrictamente jerárquica, lo que dificulta su erradicación definitiva. «Hay un gran manto de ignorancia que cubre esto porque, obviamente, tratándose de un grupo criminal que opera en las sombras, no es fácil saber exactamente cuál es su estatus actual», afirmó.
Una nueva dinámica bilateral
El analista destacó que la aparente cooperación entre el gobierno venezolano y los Estados Unidos en estos operativos refleja una dinámica novedosa en la región. Gunson sugiere que los vínculos tradicionales o de tolerancia entre el Estado y estos grupos se han debilitado, dejando a organizaciones como el Tren de Aragua en una posición de mayor vulnerabilidad. Esta situación abre interrogantes sobre el futuro del mando de la organización y si figuras como «Niño Guerrero» o «Joan Petrica» lograrán mantener su influencia en la zona.
