El control de Irán sobre el estrecho de Ormuz está estrangulando los suministros energéticos del mundo e infligiendo dolor económico global, pero las dificultades de la propia economía de la República Islámica están poniendo a prueba su capacidad para resistir la guerra y desafiar las exigencias de Washington.
Los iraníes han sido golpeados por el alza vertiginosa de los precios de los alimentos, los medicamentos y otros productos. Al mismo tiempo, el país ha visto pérdidas masivas de empleos y cierres de negocios causados por los daños de los ataques en industrias clave y por el cierre de internet durante meses por parte del gobierno.
El costo económico de la guerra y del bloqueo naval de Estados Unidos “ha sido muy sustancial y sin precedentes para Irán”, afirmó Hadi Kahalzadeh, economista iraní e investigador asociado en la Universidad Brandeis.
Pero Irán ha soportado décadas de presión económica y sanciones, y su capacidad de adaptación no ha sido desmantelada, sostuvo Kahalzadeh.
“Probablemente Irán pueda evitar un colapso económico completo o una escasez total de bienes esenciales, pero a un costo muy alto”, señaló. “El principal costo se trasladará a los iraníes comunes mediante una inflación más alta, más pobreza, servicios más débiles y una vida cotidiana mucho más dura”.
El Fondo Monetario Internacional ha pronosticado que la economía iraní se contraerá en alrededor de 6 puntos porcentuales el próximo año. El centro oficial de estadísticas de Irán informó a mediados de abril que la inflación anual fue del 53,7%, mientras que la inflación de los alimentos superó un 115% en comparación con el mismo periodo del año pasado.
Mientras tanto, la moneda iraní, el rial, ha perdido más de la mitad de su valor en el último año, al caer a un mínimo histórico de 1,9 millones por dólar a finales del mes pasado. Las penurias económicas ayudaron a alimentar protestas masivas que se extendieron por todo el país en enero.
Precios elevados en productos básicos
Estacionado bajo un paso elevado en el centro de Teherán, Hossein Farmani, de 56 años, esperaba junto a otros taxistas a que llegaran clientes. Abrió el maletero de su auto para sacar una tetera antes de servirse un vaso de té. Reflexionó sobre los aumentos descontrolados de precios del último año. Junto con artículos como la leche, el precio del té ha subido más de un 50% desde que comenzó la guerra.
“Si las cosas siguen en esta dirección, vamos a sufrir mucho más”, dijo Farmani.
Los precios ya habían subido de manera constante durante los últimos dos años, pero un recorrido de Associated Press por tiendas de comestibles en Teherán encontró grandes saltos desde febrero, antes de que comenzara la guerra: el pollo y el cordero aumentaron un 45%, el arroz un 31% y los huevos un 60%.
Las autoridades iraníes han anunciado medidas para ayudar a los iraníes a sobrellevar los precios asfixiantes. Pero muchas de estas políticas —incluido un aumento de 60% del salario mínimo y programas de cupones para artículos básicos— están avivando la inflación, escribió recientemente Taymur Rahmani, economista de la Universidad de Teherán, en un importante periódico de negocios, Dunya-ye Eqtesad.
Desde que comenzó la guerra, las tarifas gratuitas de autobús y metro en la capital tampoco están ayudando a los taxistas de la ciudad, que atraviesan dificultades.
Otro conductor que esperaba cerca, Mohammad Deljoo, de 73 años, contó que mantenía a su familia de dos hijos con un ingreso diario de 4 dólares. Indicó que no había desabastecimiento en las tiendas y, en cambio, culpó del problema a la “especulación de precios”.
“Sólo compramos lo absolutamente necesario, cosas como pan y papas. Incluso los huevos se han vuelto demasiado caros para nosotros”, comentó Deljoo. Añadió que el precio de los neumáticos y otras piezas del auto se multiplicó por cinco en menos de un año.
“Un precio hoy, otro mañana. ¿Cómo es posible?”, cuestionó.
En medio de la pérdida de empleos, muchos iraníes se están apresurando a encontrar nuevas formas de ganar dinero. Ali Asghar Nahardani, de 32 años, dijo que la aplicación de transporte para la que trabaja no le había pagado en más de un mes. Recurrió a la venta ambulante para cubrir sus gastos de vida.
“Solo vivimos día a día, tratando de salir adelante en esta situación mientras continúan las condiciones de guerra”, manifestó.
La guerra contribuye al colapso de la clase media iraní
El cierre del estrecho ha elevado los precios de la energía en todo el mundo. Pero en Irán, la guerra ha marcado otro paso en la ruina de una clase media que alguna vez fue grande y próspera, tras décadas de sanciones.
Para 2019, la clase media de Irán ya se había reducido a alrededor de 55% de la población, explicó Mohammad Farzanegan, profesor de economía de Oriente Medio en la Universidad de Marburgo. Nuevas rondas de sanciones, así como guerras, corrupción y mala gestión económica, han recortado aún más esa cifra, agregó.
La guerra probablemente empujará a varios millones de iraníes por debajo de la línea de pobreza, según un informe publicado por la agencia de desarrollo de la ONU a finales de marzo.
Una entrenadora física que vive en el centro de Teherán describió la crisis económica como una crisis de salud mental para la sociedad iraní. Dijo que muchos de sus clientes ya no podían pagar sus honorarios ni las sesiones de entrenamiento. Los pocos clientes que le quedan han pasado a hablar sobre maneras de manejar indicios de depresión.
“El sistema simplemente se está derrumbando. Los despidos están en fábricas, en empresas, en startups, en lo que sea que sea tu trabajo”, dijo en una nota de voz por Telegram. Habló bajo condición de anonimato por temor a su seguridad.
La entrenadora contó que redujo drásticamente sus compras de alimentos.
“La última vez que compré carne fue hace unos dos meses”. También dejó de pagar sesiones de terapia que había comenzado tras divorciarse de su cónyuge hace un año. “Estoy cursando una maestría en psicología, así que eso me ha dado herramientas para manejar mis ansiedades”, explicó.
Un residente de Karaj, cerca de la capital, dijo que su compañía de seguros había visto desplomarse las ventas de pólizas de auto y de vivienda. Las familias están siendo arrastradas hacia la pobreza, afirmó, también bajo condición de anonimato por temor a represalias.
El residente de Karaj, que se sumó a las protestas masivas contra el gobierno en enero, atribuyó el deterioro de años a una “grave corrupción sistémica” y al costoso apoyo de la República Islámica a grupos milicianos en Líbano, Yemen e Irak.
“La mayoría de la gente culpa al gobierno y a sus ambiciones”, escribió en un mensaje por WhatsApp.
Los líderes instan a la población a resistir
Los líderes de Irán han intentado reforzar el frente interno mostrando empatía y, al mismo tiempo, instando al público a soportar el dolor económico en favor del esfuerzo bélico.
El nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, describió la fase actual del conflicto como un “campo de batalla económico” y pidió a los empleadores “evitar los despidos en la medida de lo posible” en una serie de mensajes en su canal oficial de Telegram el viernes. Se cree que Jamenei resultó herido al inicio de la guerra por ataques israelíes y aún no ha aparecido en público.
El presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf —quien ha surgido como un actor clave en el esfuerzo bélico y en las conversaciones con Estados Unidos— instó a los iraníes a “ser austeros” en sus gastos. Señaló en su cuenta oficial de Telegram que los administradores del gobierno y el público “tienen el deber de ayudarse mutuamente” para aliviar los efectos económicos.
El bloqueo de Estados Unidos ha restringido el comercio crucial de Irán en el golfo Pérsico. Más del 90% del comercio iraní, en particular las exportaciones de petróleo que aportan miles de millones de dólares, fluye a través de sus puertos del sur, estimó Farzanegan.
Farmani, el taxista, dijo que no quería aceptar lo que calificó como una paz “humillante” con Estados Unidos e Israel.
“Un país que ha sacrificado a tantos mártires y tiene a tanta gente dispuesta a dar su vida no puede simplemente dejar que otros, desde el otro lado del mundo, nos dicten las condiciones”.
Fuente: MEHDI FATTAHI y AMIR-HUSSEIN RADJY Associated Press1