El espionaje chino representa, según el profesor y analista Robert Evan Ellis, un desafío que va mucho más allá del ámbito militar y que alcanza sectores estratégicos de la economía, la tecnología y la seguridad nacional de Estados Unidos y otros países.
Ellis señala que existen cientos de casos documentados de espionaje chino en territorio estadounidense desde comienzos de siglo, dirigidos tanto a instalaciones y objetivos militares como al robo de tecnologías con valor comercial y estratégico.
El experto advierte que esta competencia adquiere una nueva dimensión con el desarrollo de la inteligencia artificial, donde Estados Unidos y China buscan ocupar posiciones dominantes. A su juicio, el acceso de China a tecnologías desarrolladas en Occidente ha contribuido a acelerar su desarrollo en sectores considerados estratégicos.
Pero la preocupación, explica Ellis, no se limita a Estados Unidos. En América Latina, China también ha desarrollado una amplia estrategia de influencia mediante inversiones, proyectos de infraestructura y relaciones con empresarios, académicos, militares, políticos y centros de pensamiento.
El profesor destaca especialmente lo que Pekín denomina diplomacia «pueblo a pueblo»: invitaciones, viajes, intercambios y programas destinados a establecer relaciones personales con figuras influyentes de distintos países. Ellis advierte que estas conexiones pueden convertirse, en determinados casos, en mecanismos para obtener información, generar influencia o crear vínculos que posteriormente puedan ser utilizados con fines políticos, militares o tecnológicos.
Países como Venezuela y Nicaragua mantienen una relación particularmente estrecha con China, mientras que en otras naciones latinoamericanas la presencia china se ha expandido fundamentalmente a través de inversiones comerciales y proyectos estratégicos, incluidos puertos e infraestructura.
Durante la entrevista también se abordó cómo China pasó, en apenas unas décadas, de ser una economía mucho menos desarrollada a convertirse en una potencia tecnológica e industrial. Parte de ese proceso estuvo relacionado con la apertura de China al mundo, el intercambio académico, la llegada de estudiantes chinos a universidades occidentales y la instalación de empresas estadounidenses y europeas en territorio chino.
El debate actual, según Ellis, consiste en determinar hasta qué punto esa apertura permitió la transferencia de conocimientos y tecnologías que posteriormente contribuyeron al fortalecimiento de un competidor estratégico de Occidente.
La advertencia del experto es que la competencia con China no debe analizarse únicamente desde la perspectiva militar. Tecnología, inteligencia artificial, energía, infraestructura, comercio y relaciones personales forman parte de una estrategia mucho más amplia de proyección de poder.
(AP Foto/Mark Schiefelbein, archivo)