Es un lema que durante mucho tiempo ha encapsulado la capacidad única de la feroz revolución nacionalista de Hugo Chávez para mantenerse en el poder en Venezuela durante 27 años: “¡Unidos, venceremos!”.
Jóvenes y mayores, dirigentes del partido gobernante y propagandistas lo gritan por igual en actos oficiales, manifestaciones callejeras y en la televisión estatal, levantando el puño para mostrar lealtad al gobierno autoproclamado socialista y su tradicional antipatía hacia Estados Unidos. Incluso cuando se enfrentan a verdades abrumadoras que desmienten esa fanfarronería, la diversa coalición de militares, ideólogos y oportunistas que se han acercado a las esferas de poder ha actuado al unísono.
Pero han surgido grietas en esa unidad tras la impactante operación militar de Estados Unidos que capturó al entonces presidente Nicolás Maduro en enero. Personas que fueron leales durante mucho tiempo están ventilando desacuerdos con el gobierno de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, e incluso comentan públicamente rumores de que una traición desde dentro ayudó a Estados Unidos a deponer a Maduro.
Una relación más cordial con EEUU despierta críticas
Rodríguez ha eliminado algunas de las políticas de Chávez, ha cumplido exigencias de Estados Unidos y ha reordenado el gobierno a su gusto, destituyendo ministros, impulsando leyes en la Asamblea Nacional para reformar la industria petrolera del país y liberando a presos políticos.
Los partidarios del chavismo hacen notar su desaprobación. Muchos critican el acercamiento entre el gobierno de Rodríguez y la Casa Blanca, a cuyo ocupante, sin importar el partido, el chavismo ha visto históricamente como su principal adversario.
La deportación en mayo de un exministro para enfrentar investigaciones penales en Estados Unidos y la reciente autorización de Rodríguez para que el ejército de Estados Unidos realizara un ejercicio de entrenamiento en la capital de Venezuela dejaron al descubierto divisiones internas.
Mario Silva pasó años difundiendo propaganda progubernamental como presentador de un programa en la televisión estatal antes de ser sacado del aire tras la captura de Maduro. Silva cuestionó la legalidad de la deportación de Alex Saab, un aliado cercano de Maduro, al sostener que violó una prohibición constitucional.
Afirmó que Rodríguez no gobierna con libertad, ya que algunas decisiones “Se están tomando en la embajada norteamericana”.
“El imperialismo no negocia. El imperialismo conquista, busca, hurga, hasta que revienta nuestro país”, dijo Silva en una transmisión en vivo. “Nadie en este momento está a salvo. Y eso es un hecho concreto, terriblemente peligroso”.
Unas pocas decenas de personas protestaron en Caracas el 23 de mayo contra las maniobras, durante la cual dos aeronaves Osprey del Cuerpo de Marines aterrizaron en la embajada de Estados Unidos. Sostuvieron una bandera venezolana con el mensaje “No al simulacro yanki” escrito encima. La participación fue mínima, algo que llamó la atención en una ciudad acostumbrada a manifestaciones frecuentes con asistencia de miles de personas.
Elías Jaua, quien fue vicepresidente de Chávez y formó parte del gabinete de Maduro en sus primeros años en el cargo, repudió el ejercicio en redes sociales. Más tarde dijo a The Associated Press que alzaba la voz para concienciar a los venezolanos sobre la situación “humillante” que enfrenta el país.
“En esta etapa lo más importante es evitar que se naturalice esta ocupación y esta administración colonial a la que está siendo sometida una nación como Venezuela”, expresó Jaua.
Chávez y Maduro —así como Rodríguez, en sus anteriores funciones como vicepresidenta y ministra de Comunicación y de Relaciones Exteriores— habían vaticinado durante mucho tiempo que Washington usaría la fuerza para tomar el control de la industria petrolera de Venezuela, que se ha abierto al capital privado tras la captura de Maduro. El gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, supervisa las ventas de petróleo y administra los ingresos como parte de su plan por etapas para encarrilar al atribulado país sudamericano.
La salida de Maduro desata una lucha de poder
La crisis social, política y económica que se afianzó cuando Maduro se convirtió en presidente en 2013 llevó a más de 7,7 millones de personas a abandonar Venezuela y empujó a millones más a la pobreza. También derivó en rondas de protestas antigubernamentales y sanciones económicas de Estados Unidos, dos cosas que el partido gobernante logró resistir.
Los incondicionales del partido celebraron una victoria de Maduro en unas elecciones de 2024 pese a pruebas abrumadoras de que había perdido. También repitieron la negación de la dirigencia partidaria sobre un aumento de la migración. Su lealtad a menudo era recompensada, ya fuera con alimentos y bienes básicos para los pobres o con contratos multimillonarios y escoltas para los más acomodados.
Andrés Izarra, ministro de Comunicación con Chávez y ministro de Turismo con Maduro, dijo que las fracturas no se basan en la ideología ni en una defensa del chavismo, que, a su juicio, terminó cuando su fundador murió en 2013. El interés de Maduro, sostuvo, era enriquecerse y mantenerse en el poder a toda costa.
El interés personal, señaló, está creando división.
“Como no hay sustrato ideológico, es simplemente una pugna por poder y por dinero y por posiciones y por supervivencia. ¿Tú crees que él estuviera protestando si a él le hubieran dejado los escoltas o le hubieran dejado el sueldito o la cuota de poder?», dijo Izarra, quien vive en el exilio desde que se convirtió en blanco del gobierno la década pasada, en alusión a un crítico de los cambios bajo Delcy. «Si tuvieran interés ideológico, hubieran tenido la discusión mucho antes”.
Los leales hablan de una posible traición a Maduro
Las críticas incluso se emitieron en la televisión estatal el mes pasado, cuando un dirigente izquierdista colombiano sentado entre el público del programa del ministro del Interior, Diosdado Cabello, se puso de pie y cuestionó los esfuerzos de Venezuela por liberar a Maduro y a la primera dama, Cilia Flores, de la custodia de Estados Unidos.
“Hemos visto muy débil la campaña por la libertad de Cilia y Nicolas.”, dijo Manuel Caicedo ante un Cabello visiblemente atónito.
Otra chavista devota, la diputada Iris Varela, le dijo a un podcaster que creía que alguien dentro del gobierno había ayudado a Estados Unidos a sacar a Maduro del poder. La idea ha circulado ampliamente desde que el presidente Trump anunció que el líder autoritario había sido capturado el 3 de enero, pero no han surgido pruebas.
“Por supuesto que hay una traición”, dijo Varela. “Yo digo que todo Cristo tiene un Judas. Si nuestro Señor Jesucristo sabía que lo iban a traicionar y aun así dejó que Judas lo besara en la mejilla (…), ¿no va a surgir un traidor para Maduro?”.
Fuente: REGINA GARCIA CANO Associated Press