Desde el epicentro del conflicto, el analista militar Ariel Goldgewicht reconoció que, aunque los sistemas de defensa de Israel son altamente efectivos, el enemigo ha adaptado su estrategia para saturarlos mediante ataques en «enjambre». Al lanzar múltiples proyectiles simultáneamente hacia un mismo objetivo, las probabilidades de que alguno penetre las defensas aumentan.
Goldgewicht enfatizó la diferencia ética en la conducción de la guerra: mientras Israel dirige sus ataques exclusivamente a objetivos militares y gubernamentales, acusa a Irán de apuntar deliberadamente a centros de población civil. En el plano personal, relató la dura realidad de las familias israelíes que llevan ocho días durmiendo en refugios, intentando mantener el ánimo de los niños a través de juegos y música para mitigar el trauma psicológico de las sirenas constantes.