En un contexto marcado por la intensa presión de la administración de Donald Trump y los rumores sobre contactos discretos entre La Habana y Washington, el investigador Luis Domínguez ofreció una perspectiva cautelosa sobre el destino de la isla. Durante su intervención, el creador del sitio Cuba al Descubierto advirtió que cualquier diálogo actual no debe confundirse con una señal de transición inminente, subrayando la histórica resistencia de la cúpula gobernante para abandonar el mando.
La estrategia del «surfista» político Para Domínguez, el régimen cubano ha perfeccionado durante más de seis décadas un ejercicio de equilibrio que le permite oscilar entre la confrontación y la negociación según las necesidades del momento. “Ellos se han mantenido arriba de esa tabla de surfear por más de sesenta años, balanceándose por aquí y por allá”, explicó el investigador, sugiriendo que las conversaciones con Estados Unidos son tácticas para aliviar la asfixia económica sin comprometer el control interno. En su opinión, aunque el régimen pueda ceder en ciertos puntos para ganar tiempo, «bajarse del sillón» sigue sin estar en sus planes inmediatos.
Tecnología contra la opacidad Uno de los cambios más drásticos que destaca Domínguez es el fin del monopolio de la información. Mientras que en el pasado el Estado podía sostener narrativas sin cuestionamientos, hoy la tecnología actúa como un fiscal permanente. El rastreo de vuelos, los movimientos diplomáticos y la conectividad han reducido el margen de maniobra de la élite en el poder. “Mientras tú mantienes al pueblo ignorante, puedes decir todas las mentiras que te da la gana. Pero con la tecnología que hay hoy en día, eso ya no se puede controlar”, enfatizó.
Finalmente, Domínguez reconoció que, aunque el desgaste económico y el malestar social crean un escenario menos predecible que en el pasado, existe un instinto de preservación muy fuerte dentro de la estructura de poder. Al reflexionar sobre la posibilidad de una cesión voluntaria, comparó la situación con el instinto de proteger el legado familiar ante cualquier riesgo, concluyendo que, tras décadas de observar al sistema, «ya sabemos cómo funciona el régimen» y que los tiempos, aunque han cambiado, no garantizan una entrega pacífica de las riendas del país.