BOGOTA, Colombia (AP) — El presidente Juan Manuel Santos encabezó el viernes la demolición de una casa de Bogotá en la que se vendían drogas luego de lanzar la nueva política de desarticulación del microtráfico.
«Acabamos de destruir una casa donde se expendían drogas y, en el caso específico de esta localidad (Suba), le he pedido al señor alcalde que consulte con la alcaldía local y con los vecinos… para ver qué uso le quieren dar a esta propiedad», dijo el mandatario a los reporteros tras la demolición de una de las llamadas «ollas» del microtráfico.
Santos, en campaña por la reelección los comicios del 25 de mayo, sugirió que la propiedad demolida por una retroexcavadora podría convertirse en un hogar infantil o en un comedor comunitario para los menos favorecidos.
Pero, insistió el jefe de Estado, serán los vecinos de Suba quienes decidirán qué utilidad se le dará.
Al tiempo que se destruía la casa de Suba, las autoridades hacían lo mismo con otras «ollas» en ciudades como Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena, según la policía.
El general Jorge Nieto, comandante de Seguridad Ciudadana de la policía, dijo a The Associated Press que el viernes serán destruidas otras tres «ollas» del microtráfico en otras localidades de Bogotá.
El objetivo, agregó el oficial, es que en los próximos días sean destruidas unas 80 viviendas similares a la de Suba en todo el territorio colombiano.
En el marco de la lucha contra las «ollas», indicó Nieto, «este año van 278 capturas (e incautadas) 149.000 dosis de marihuana, bazuco y cocaína».
Agregó que «con la demolición de estas casas se pretende principalmente erradicar y acabar con esta cadena de microtráfico en los barrios de diferentes zonas del país».
Para Augusto Pérez, director de la Fundación Nuevos Rumbos, que se dedica a investigar y prevenir el consumo de drogas, el programa lanzado por Santos no es la solución definitiva al problema del consumo.
«Es que cuando son medidas sueltas, medidas aisladas, generalmente estas cosas no sirven mucho porque lo que genera es un desplazamiento de un lugar a otro» de las «ollas» y, por ende, de los propios delincuentes, dijo Pérez.
El experto agregó que «todo esto… tiene que ser parte de un programa más estructural y no puede ser sólo una medida aislada de orden público».
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