Alina Fernández, hija de Fidel Castro, aseguró que llegó a sentir miedo de su propio padre y describió su relación con él como distante y marcada por la imposibilidad de diálogo.
“Le tuve miedo a mi propio padre”, afirmó.
Fernández señaló que Castro era una persona que no escuchaba y que cualquier intento de conversación resultaba inútil: “Hablar con él siempre fue inútil. Era una persona de monólogo”.
Durante la entrevista, también hizo referencia a uno de los episodios más controvertidos del régimen cubano: los fusilamientos de 1989, en los que fue ejecutado el general Antonio de la Guardia tras un juicio por narcotráfico.
“Cuando tú ves que una persona es capaz de mandar a ejecutar a uno de sus mejores amigos… no te hacen falta más pruebas”.
Según Fernández, ese hecho reflejó el nivel de rigidez emocional y política del liderazgo en Cuba. “Eso demuestra unas barricadas emocionales tremendas”.
La hija de Castro también sostuvo que ese estilo de poder ha tenido impacto en la sociedad cubana: “El narcisismo fue algo que permeó toda esta historia… y la vida del cubano”.
En cuanto a la situación actual del país, consideró que no se puede seguir responsabilizando a factores externos por la crisis.
“No puedes seguir culpando al imperialismo de que no tengas comida para tus hijos… después de tanto tiempo”. Asimismo, hizo un llamado a un posible entendimiento, basado en el respeto.
“No se puede negociar si no hay respeto. Tenemos que estar dispuestos a ceder”. Fernández reconoció que el miedo ha sido una constante en la vida de los cubanos, pero valoró a quienes hoy se manifiestan dentro de la isla.
“El miedo es algo con lo que se aprende a vivir… pero si no se hace nada, no pasa nada”.
A pesar de sus críticas, afirmó que mantiene una visión esperanzadora sobre el futuro de Cuba. “Después de todo lo vivido… me queda más esperanza. En Cuba no queda otra que tener un futuro luminoso”.