Durante años, el mundo ha observado a Irán a través del lente de los misiles, los drones o los enfrentamientos directos en Medio Oriente. Pero para el periodista y analista especializado en conflictos bélicos Ignacio Montes de Oca, ese enfoque deja fuera la parte más importante del problema: la estrategia real del régimen iraní no comienza con ataques militares, sino con la infiltración.
“Irán no boxea, juega ajedrez”, explica Montes de Oca. La frase resume la lógica de una estrategia que se construye durante décadas y que combina ideología, inteligencia, financiamiento clandestino y redes internacionales.
Uno de los pilares de esa estructura es la Guardia Revolucionaria Islámica, una fuerza paralela al ejército regular iraní que, según distintos análisis, puede contar con entre 150,000 y 200,000 miembros. A diferencia de las fuerzas armadas tradicionales, su misión no es simplemente defender el territorio nacional, sino proteger y expandir la revolución islámica más allá de las fronteras de Irán.
Dentro de esa estructura opera, además, la Fuerza Quds, una unidad de élite encargada de operaciones internacionales. Según Montes de Oca, este grupo ha sido clave para construir redes de apoyo, financiar milicias aliadas y establecer células dormidas en distintas regiones del mundo.
El alcance de esta estrategia no se limita al Medio Oriente. La influencia iraní también ha sido detectada en distintas zonas de América Latina, particularmente en países donde existen vacíos institucionales o redes criminales que facilitan operaciones clandestinas. En ese contexto, regiones como la Triple Frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina han sido señaladas durante años por analistas de seguridad como áreas sensibles para el financiamiento y la logística de organizaciones vinculadas a Teherán.
Para Montes de Oca, el peligro radica precisamente en la capacidad de operar en múltiples capas: estructuras militares, redes ideológicas, financiamiento irregular y alianzas con actores locales. “Irán funciona como una hidra. Cortas una cabeza y aparecen otras”, advierte.
El analista sostiene que durante décadas muchas democracias occidentales subestimaron esta estrategia, enfocándose únicamente en el componente militar del conflicto. Sin embargo, el verdadero poder de Irán se ha construido lentamente a través de influencia política, alianzas estratégicas y operaciones encubiertas.
Por eso insiste en que el desafío no es solo militar, sino también político y cultural. Si el conflicto se percibe únicamente como una guerra lejana entre Israel e Irán, advierte Montes de Oca, el mundo seguirá ignorando el aspecto más importante del problema: una red de influencia que lleva años expandiéndose silenciosamente mucho más allá de Medio Oriente.