En una conversación profunda y sin concesiones en el programa Cada Tarde, Elena Larrinaga, presidenta del Partido Demócrata Cristiano de Cuba y vicepresidenta del Consejo de Transición Democrática, analizó el complejo momento político que atraviesa la isla. Desde Madrid, Larrinaga ofreció una mirada que equilibra la esperanza con un realismo indispensable sobre las posibilidades de un cambio democrático.
Un momento inédito pero incierto
La dirigente opositora reconoció que el contexto internacional ha dado un giro que favorece una posible apertura, algo que no se había visto en décadas de dictadura.
“Nunca hemos tenido un momento como este. La comunidad internacional ya no es la misma. América Latina ha cambiado, ha aprendido muchas cosas”, afirmó Larrinaga. Sin embargo, advirtió que el gobierno cubano comete un error estratégico al no comprender que el país “no da para más” mientras se mantiene aferrado al poder. Para ella, los rumores de diálogo carecen de transparencia: “Se habla mucho, pero poco se concreta”.
Las diferencias con la Transición Española
Uno de los puntos más agudos de la entrevista fue el desmantelamiento de la idea de aplicar mecánicamente el «modelo español» en la isla. Larrinaga recordó que, tras la muerte de Franco, existió una voluntad política dentro del propio sistema para abrirse.
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Voluntad interna: “En España hubo una decisión clara de que había que hacer una transición. Por eso se pudo hacer”.
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El contraste cubano: Subrayó que esa voluntad interna de cambio es inexistente en La Habana: “Una transición a la española con un gobierno que no tiene ningún interés en dejar el poder es muy complicada”.
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Diferencias históricas: Señaló que, a diferencia del franquismo, el régimen cubano ha pasado décadas exportando su modelo mediante guerrillas y vinculándose a dinámicas externas para asegurar su supervivencia.
Cuba y Venezuela: Destinos entrelazados
Larrinaga calificó la relación entre Cuba y Venezuela como “íntimamente ligada” y expresó su admiración por la líder venezolana María Corina Machado, a quien describió como una mujer “extraordinaria, serena y segura”. Recalcó que ambos pueblos enfrentan estructuras de poder que priorizan la permanencia por encima de cualquier principio democrático.
Optimismo vs. Realismo: «Hay que romper los huevos»
Sobre el dilema emocional del exilio, la dirigente fue honesta: “Hemos tenido que hablar de optimismo para poder sobrevivir”. No obstante, defendió la necesidad de firmeza por parte de la comunidad internacional. Usando una metáfora directa, afirmó que “para hacer una tortilla hay que romper los huevos”, sugiriendo que sin posiciones contundentes frente al régimen, los cambios estructurales serán inalcanzables.