«Las palabras del Papa el domingo en Cuba fueron fundamentales, porque al enviar un mensaje claro, en el que advertía a Colombia de que no podía permitirse otro fracaso, se aceleró el proceso para sellar un acuerdo de paz«, aseguró en una charla con la prensa Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad de San Egidio, el movimiento católico que facilitó los contactos entre la guerrilla de las FARC y la Santa Sede.
El jefe de la Iglesia católica y sus consejeros más cercanos habían sido informados con tres días de anticipación sobre el alcance del pacto. «El acuerdo está listo, están por anunciarlo», fue el mensaje que llegó y todos estaban esperando.
«No podemos permitirnos otro fracaso en Colombia», decía el papa Franciscop durante la misa en Cuba, el 20 de septiembre pasado. Tres días después, Colombia y las FARC anunciaban que, a más tardar el 23 de marzo de 2016, habrá acuerdo definitivo de paz
«Desde hace 20 años mantenemos contactos con las FARC. Nos han usado como palomas mensajeras para la paz», contó por su parte el historiador Gianni La Bella, también de la Comunidad de San Egidio, quien entregó en mayo y agosto dos misivas de la guerrilla comunista al Papa en las que la organización garantiza su voluntad de llegar a la paz y pide su intervención.
El acuerdo sobre la justicia transicional y el plazo de seis meses fijado para un acuerdo final es considerado un paso histórico por la comunidad internacional.
El Papa «está seguramente muy feliz» por el entendimiento anunciado en Cuba, adelantó desde Estados Unidos el portavoz vaticano, padre Federico Lombardi. «Todos estábamos esperando el acuerdo», añadió el vocero, quien recordó los numerosos pedidos lanzados por el Pontífice a favor de las negociaciones de paz y el ofrecimiento al mismo presidente colombiano, Juan Manuel Santos, de que contara con él.
Francisco, que celebra su primera visita a Estados Unidos, no se ha pronunciado aún sobre el tema.
La Iglesia liderada por el papa Francisco está muy involucrada en los conflictos regionales de América Latina. Entre los casos más emblemáticos, figura el deshielo entre Cuba y Estados Unidos, pero hay muchos otros puntos calientes, entre Bolivia y Chile, Venezuela y Colombia, Nicaragua y Costa Rica, Haití y República Dominicana.
En todas estas situaciones la Iglesia católica, por orden del mismo Papa, ha ofrecido mediaciones, buenos oficios, abrió canales, acercó las partes y propició acuerdos.
Desde que fue elegido al trono de Pedro en marzo del 2013, Francisco ha sido candidato todos los años al Premio Nóbel de la Paz, galardón que ningún pontífice ha obtenido y que este año podría lograr en octubre.
Las estructuras de la Iglesia católica y, en particular, la Comunidad de San Egidio manifestaron también su voluntad de aportar su experiencia al llamado posconflicto. «Nuestro primer compromiso es con la educación, con las escuelas de la paz», aseguró Impagliazzo, quien servirá de mediador con la Unión Europea para obtener aportes.
«Nosotros hemos seguido los buenos ejemplos logrados en Mozambique, Níger, Guinea Conakry, Costa de Marfil», dijo.
Así, el papa Francisco –el primer pontífice latinoamericano– se consagró ayer como el gran pacificador de la región: logró la reconciliación entre Cuba y Estados Unidos y contribuyó a sellar un acuerdo histórico para firmar la paz en Colombia.