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La caída de Viktor Orbán marca un punto de inflexión histórico para Hungría y la Unión Europea. Según el analista Sergio Velasco, la derrota del líder conservador no solo responde al desgaste tras 16 años en el poder, sino al impacto de la inflación y el encarecimiento energético en el bolsillo de los húngaros.
El bloque opositor ganador, de perfil pro-europeo, plantea un giro drástico en política exterior. Se espera que Budapest deje de bloquear las ayudas millonarias a Ucrania y busque una relación más fluida con Bruselas. Este cambio reconfigura el mapa geopolítico europeo, ya que Orbán era considerado uno de los aliados más cercanos de figuras como Vladimir Putin y Donald Trump en el continente.