La reciente aparición de Miguel Díaz-Canel en la cadena estadounidense NBC News ha sido calificada por analistas como un ejercicio de propaganda más que una entrevista periodística real. El gobernante cubano se limitó a repetir el guion histórico del régimen, estructurado en tres ejes fundamentales:
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La victimización externa: Atribuir la totalidad de la crisis económica y social de la isla al embargo estadounidense.
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La negación de la realidad: Asegurar que en Cuba no ocurre nada grave, ignorando el colapso de los servicios básicos.
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La descalificación de la disidencia: Etiquetar cualquier crítica interna como un «ataque externo» o una operación de inteligencia extranjera.
Al ser cuestionado sobre las protestas sociales y la situación de los presos políticos, Díaz-Canel optó por las evasivas y las generalidades. Más que un diálogo con la prensa internacional, el encuentro pareció una «cadena nacional con traducción simultánea», diseñada para exportar una imagen de normalidad que contrasta drásticamente con la precariedad que viven los cubanos día a día.