Actualidad Radio

Home » Del dolor a la palabra y la accion: Las Voces de resiliencia

Del dolor a la palabra y la accion: Las Voces de resiliencia

por actualidad

La guerra no termina cuando cesan las armas. En Israel, tras el ataque del 7 de octubre, miles de personas continúan viviendo con las consecuencias emocionales de un conflicto que aún no concluye. Algunos enfrentan el trauma en silencio; otros han decidido hacerlo en público, contando sus historias, escuchando a otros y exigiendo paz como única salida. Esa necesidad de hablar y de ser escuchados no es exclusiva de Israel: se ha convertido en una conversación que resuena en distintas partes del mundo.

El atentado perpetrado por Hamás el 7 de octubre afectó a la sociedad israelí de múltiples maneras. Hubo personas asesinadas y secuestradas, familias separadas y comunidades marcadas por la incertidumbre. Aunque no todos fueron impactados directamente, muchos conocían a alguien que sí lo fue. Ese dolor compartido unió a la nación, que se movilizó para exigir la liberación de los rehenes, no solo por lazos familiares o de amistad, sino por un sentido colectivo de pertenencia que se hizo más visible en medio de la crisis.

Hoy, el país intenta retomar una apariencia de normalidad. Sin embargo, para muchos, la guerra continúa en el ámbito emocional. La rutina regresa lentamente, pero las heridas no siguen el mismo ritmo.

Escuchar en medio del trauma

La Dra. Einat Kaufman es psicoterapeuta y experta internacional en terapia del trauma y el duelo. Su trabajo se centra en enfoques cognitivos y basados en evidencia, como la terapia cognitivo-conductual (CBT, por sus siglas en inglés), EMDR, VIOS y ACT. Además de su práctica clínica, capacita a profesionales y asesora a comunidades que enfrentan emergencias, crisis y traumas colectivos, tanto en Israel como en otros países.

Desde el fatídico ataque del 7 de octubre, Kaufman ha trabajado con personas que intentan procesar emociones generadas por la guerra, entre ellas miedo, culpa, ira y una sensación constante de inseguridad. Según explicó, muchas aún no se sienten preparadas para expresar lo que piensan o sienten. El trauma, dice, no siempre encuentra palabras inmediatas.

Incluso para ella, escuchar se volvió difícil en los primeros meses del conflicto.
“Hubo momentos en los que casi no hablaba, porque no podía escuchar a nadie más”, dijo.

Kaufman señaló que el impacto emocional de la guerra también ha afectado a los propios profesionales de la salud mental, quienes se han enfrentado a relatos que superan cualquier preparación académica.

“Como terapeutas, nos sentíamos desesperados porque las historias que escuchábamos no parecían reales”, dijo.
Aunque estudió psicología durante años, reconoce que “no hay ningún libro de psicología que te pueda explicar cómo tratar” una experiencia que todavía está en desarrollo.

Kaufman explicó que el trauma que viven actualmente muchos israelíes no puede clasificarse aún como trastorno de estrés postraumático.
“El PTSD es el sueño de cualquier israelí”, afirmó. “Ni siquiera estamos ahí. Todavía estamos en el trauma”.

Como respuesta a esta realidad, publicó recientemente Making Room for Grief: Reconciling With Loss to Create a Better Life for Yourself and Your Loved Ones, su segundo libro, basado en su experiencia trabajando con personas afectadas por la pérdida y el trauma. En él combina historias terapéuticas reales con conceptos teóricos accesibles, con el objetivo de ofrecer herramientas prácticas para afrontar el duelo y la recuperación emocional.

Carátula del segundo libro de Dr. Kaufman

Carátula del segundo libro de Dr. Kaufman

 

Para Kaufman, crear espacios para hablar del dolor es esencial en contextos de guerra. Escuchar, asegura, es un primer paso para la sanación, incluso cuando el conflicto aún no ha terminado. Esa idea —hacer espacio al duelo mientras la realidad sigue siendo incierta— ha encontrado eco también fuera de Israel, en comunidades que observan y acompañan desde la distancia.

Una madre que transformó el dolor en voz pública

Silvia Cunio es argentina y vive en Israel desde 1986. Tenía 27 años cuando se mudó a un kibutz junto a su esposo y su hijo mayor. Años después, ya instalada en el kibutz Nir Oz, nacieron sus otros tres hijos, incluidos los gemelos David y Ariel. Durante casi cuatro décadas, la comunidad fue su hogar.
“Vivíamos como en un paraíso”, recordó. “El 95% del tiempo era un paraíso y el 5% era un infierno”.

Ese “infierno”, explicó, llegaba con los misiles. Cada vez que había una escalada de violencia, la comunidad debía refugiarse en los mamad, los cuartos de seguridad construidos dentro de las viviendas. Era una rutina conocida: calma interrumpida por sirenas.

El 7 de octubre, esa amenaza se volvió realidad. Combatientes armados ingresaron al kibutz. David y Ariel fueron secuestrados y llevados fuera de la comunidad. Cunio creyó durante horas —y luego días— que sus hijos estaban muertos.

Kibutz Nir Oz, lugar dónde vivía Sylvia y su familia. Foto cortesía de Cunio.

La incertidumbre fue lo más difícil. No saber si estaban vivos, si sufrían, si volverían.

“Los nervios que pasamos”, recordó. “No vivía, no respiraba. Era un cansancio eterno. No podía dormir”.

Durante ese tiempo, hablar se convirtió en su forma de sostenerse.

“Lo único que hice fue hablar y hablar y no parar de hablar, porque eso es lo que me hizo bien a mí”, dijo. “Eso fue lo que me ayudó a seguir adelante y a seguir luchando por la vida de mis hijos hasta que volvieron”.

Cunio contó su historia una y otra vez, ante medios, organizaciones y personas que querían escuchar. Para ella, narrar lo ocurrido no era solo una denuncia, sino una manera de mantenerse en pie cuando todo parecía derrumbarse.

Tras meses de cautiverio, David y Ariel fueron liberados con vida, como parte de los intercambios de rehenes. Cunio dijo que ese momento marcó el final de una etapa y el inicio de otra.
“Así era mi vida hasta que volvieron”, explicó.

Hoy, la familia no regresará al mismo kibutz. Cunio planea mudarse a otra comunidad. Tres de sus cuatro hijos quieren seguir viviendo en un kibutz, a pesar de lo ocurrido. Uno de ellos se convirtió en padre recientemente.

Cunio asegura que algún día le contará a su nieto lo que sus padres vivieron. Para ella, hablar sigue siendo una forma de memoria y de sanación.

“Que haya paz en el mundo”, dijo. “Que se termine todo lo malo que hace una guerra”.

Del duelo a la acción internacional

Maoz Inon es un emprendedor social israelí y activista por la paz. Fundó varias iniciativas turísticas en Israel y Medio Oriente, entre ellas el Jesus Trail, Fauzi Azar Inn y las marcas Abraham Hostel y Abraham Tours. Desde el 7 de octubre de 2023, su voz se ha vuelto conocida internacionalmente por una razón distinta.

Ese día, sus padres, Bilha y Yakovi Inon, murieron cuando un misil impactó directamente su vivienda durante el ataque de Hamás en Israel. Desde entonces, Inon ha aparecido en medios internacionales para exigir el fin de la violencia y promover la reconciliación entre israelíes y palestinos.

Inon sostiene que responder al dolor con venganza solo profundiza el conflicto.
“Elegir la venganza solo va a escalar el ciclo de miedo, odio y derramamiento de sangre en el que israelíes y palestinos estamos atrapados desde hace un siglo”, dijo.

Para él, el cambio debe comenzar con un giro profundo en las políticas, tanto en Israel como a nivel internacional, y con una inversión real en el entendimiento mutuo.

“Tenemos que empezar a invertir en conocer al otro lado: sus historias, sus narrativas, su contexto”, afirmó. “Ese es el primer paso clave que debemos dar para lograr una vida compartida”.

Inon enfatiza que reconocer el dolor del otro no debilita el propio sufrimiento, sino que lo humaniza.
“Cuando somos lo suficientemente valientes para hacerlo, entendemos que el otro lado también sufre”, dijo. “Cuando alguien pierde a un ser querido, también está en dolor y agonía”.

Según Inon, la deshumanización es uno de los mayores obstáculos para la paz.

“La única manera de humanizar a un ‘monstruo’ es mirarlo a los ojos y empezar a escuchar sus historias, su dolor y su trauma”, explicó. “Y luego compartir nuestras propias historias, nuestro dolor y nuestro trauma”.

Para él, es fundamental amplificar las voces que buscan reconciliación, no solo en la región, sino también en la conversación global que observa el conflicto.

Inon mostrando la imagen de su último libro “The Future Is Peace: A Shared Journey Across the Holy Land” Foto: Isabela Reinoso

 

“Necesitamos amplificar el mensaje de paz, para que el mundo sepa que existe un movimiento creciente por la paz entre israelíes y palestinos”, dijo. “No solo historias de victimización, masacres y derramamiento de sangre”.

Su compromiso con la paz también nace de las enseñanzas de sus padres. Su padre era agricultor y administrador de un kibutz, y solía compartir con la familia las dificultades del trabajo en el campo.

“No importa de dónde vengas —Ecuador, Maryland, Miami, Palestina o Israel— ser agricultor es difícil”, recordó Inon.

Aun así, repetía una idea cada año: “Cada año decía: ‘El próximo año volveré a sembrar trigo, porque el próximo año será mejor. Aprenderé de mis errores, consultaré a otros agricultores, usaré las mejores semillas y prepararé la tierra’”, contó. “No sembraba por fe, sino porque sabía que el mañana podía ser mejor”.

Para Inon, la paz no es un ideal abstracto, sino una acción colectiva que requiere coordinación y voluntad.

“Nos sincronizamos, compartimos conocimiento, compartimos recursos y actuamos juntos”, dijo.

Un llamado común

Aunque sus historias son distintas, los tres coinciden en algo: la paz no es una postura política, sino una condición necesaria para sanar. Mientras el conflicto continúe, el trauma seguirá presente.

Al hablar, escuchar y exigir un futuro distinto, estas voces buscan que la guerra no sea lo último que defina sus vidas. Y en esa búsqueda —que hoy trasciende fronteras— también se reconoce una forma silenciosa de resiliencia compartida.

También podria interesarte

Deja tu comentario