PARÍS (AP) — El primer ministro de Francia pone en marcha una nueva iniciativa para poner remedio a lo que calificó de nación fracturada entre los que más y los que menos tienen, después de que los recientes ataques terroristas pusiesen de manifiesto una discriminación y tensiones sociales y religiosas latentes desde hace años.
Manuel Valls sorprendió a muchos esta semana al referirse a un «apartheid territorial, social y étnico» en los suburbios o «banlieues», que rodean las principales ciudades de Francia, donde conjuntos de viviendas descuidadas acogen principalmente a minorías con raíces migratorias.
Valls celebra el jueves una reunión especial del gobierno para enfrentar este problema. Pero sus propuestas no serán las primeras al respecto.
El problema de los suburbios franceses han perseguido a los líderes del país durante al menos 25 años. Paraíso desde hace años para el tráfico de drogas y otros delitos, reciben ahora una atención renovada tras los ataques de principios de mes perpetrados por radicales islamistas franceses que habían vivido en estas barrios. Veinte personas, incluyendo los tres atacantes, fallecieron.
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