KINGSTON, Jamaica (AP) — Claudia Gordon se quedó sorda cuando era una niña en una zona rural de Jamaica y perdió mucho más que la audición.
Le obligaron a dejar la escuela y a quedarse en casa para encargarse de las tareas del hogar. Los vecinos la evitaban e incluso se burlaban de ella. Algunas de las personas que la cuidaban la llevaban periódicamente a rituales donde curanderos intentaban curar la enfermedad que causó su sordera, la cual hoy en día sigue siendo un misterio.
«Estaba confundida por mi repentina pérdida de audición y llena de una sensación de desesperanza al ser marginada por ello. ¿Por qué no podía ir al colegio? ¿Por qué no me llevaban con el resto de los niños de mi familia en las excursiones? ¿Por qué la gente se me quedaba mirando? ¿Por qué se reían de mí?», dijo Gordon, que ahora es una importante abogada y defensora de los derechos de los discapacitados en Washington, al recordar esos traumáticos días a principios de la década de 1980.
Su experiencia fue parecida a la de mucha gente discapacitada física y mental en el Caribe, donde los recursos y las protecciones básicas para ellos suelen ser escasos. Pero las cosas parecen estar mejorando gradualmente tras años de lucha.
Jamaica aprobó la semana pasada una innovadora ley que promete, entre otras cosas, prohibir la discriminación en el lugar de trabajo y crea un tribunal especial para decidir sobre las quejas presentadas por ciudadanos con discapacidad. La adopción de la norma sigue a otras similares adoptadas en Bahamas y Guyana. En las televisiones caribeñas es cada vez más frecuente ver intérpretes de lengua de signos y los colegios acomodan cada vez más estudiantes con problemas.
«Se está extendiendo por la región», dijo Gloria Goffe, una jamaiquina ciega que coordina la organización benéfica Asociación para Discapacidades Combinadas, sobre los esfuerzos para proteger a gente con minusvalías.
La esperada Ley de Discapacidad de Jamaica fue impulsada por el senador Floyd Morris, que el año pasado hizo historia al convertirse en el primer presidente del senado ciego. Describe la norma como un logro histórico para los aproximadamente 163.000 jamaiquinos con discapacidades.
Pero Morris advirtió que queda un largo camino antes de que el estigma generalizado pueda desaparecer.
«Diría que el 65% de la población sigue viendo a la gente con minusvalías como obras de caridad», dijo en su oficina de la Universidad de West Indies, donde lidera un centro de investigación regional que estudia los temas que afectan a los discapacitados.
Los cambios en el entorno de las personas con minusvalía se medirán por actitudes más maduras, dijo Gordon, que tuvo que dejar su país natal en el Caribe para poder comprender el potencial que tenía. Se mudó a Nueva York a los 11 años, donde después tuvo la oportunidad de trabajar duro y sobresalir.
«Las leyes no pueden regular la actitud y, tristemente, la actitud y la percepción hacia la gente con minusvalías puede ser más incapacitante que nuestra discapacidad en sí misma», dijo Gordon en un correo electrónico a la Associated Press.
Derribando las ideas preconcebidas sobre sus aptitudes, Gordon es ahora directora de personas de la oficina de cumplimiento de contratos en el Departamento de Trabajo de Estados Unidos. El año pasado sirvió de contacto de alto nivel entre el gobierno del presidente Barack Obama y la comunidad discapacitada.
En todo el mundo, el tratamiento a las personas con minusvalías varía mucho en función del país, pero la discriminación y las barreras a la inclusión son un mal común. Estos problemas son más severos en los países en desarrollo, donde según la Organización Mundial de la Salud vive aproximadamente el 80% de personas con alguna discapacidad.
Pero en ningún lugar de la región el problema del estigma y el acceso a los servicios básicos de salud es tan grave como en Haití, el país más pobre del hemisferio. El terremoto de magnitud 7.0 de enero de 2010 amplificó el problema, con muchos de sus ciudadanos perdiendo alguna extremidad o con múltiples amputaciones.
«Su situación es muy preocupante porque sin acceso a los servicios se convierten en una carga para las familias, lo que aumenta su vulnerabilidad», dijo Patrick Senia, director de programas de campo en Haití para la ONG Handicap International.
Pero incluso en países más ricos e inclusivos del Caribe, donde el trato a personas con discapacidad está haciendo avances, los retos son abundantes. Relativamente pocos edificios tienen rampas y baños accesibles con silla de ruedas. La discriminación en las contrataciones ha estado descontrolada durante años. Las escuelas carecen de terapeutas físicos y otros cuidados.
Las nuevas leyes sobre la discapacidad tendrán que terminar con esta dura realidad, cuyo principal problema es la financiación. Los defensores señalan que una cosa es aprobar una ley y otra distinta asegurar su aplicación, especialmente en países fuertemente endeudados. Por ejemplo Guyana, con problemas económicos, aprobó la norma en 2010 pero su cumplimiento ha sido puntual.
Pero aunque tengan que lidiar con numerosos retos, las esperanzas sobre el futuro están creciendo entre jóvenes discapacitados en el Caribe.
«Definitivamente voy a ser médico», dijo confiado Arron Logan, de 9 años, mientras camina arrastrando los pies como consecuencia de un caso de parálisis cerebral relativamente suave en una escuela de Kingston que integra a niños discapacitados con otros que no lo son. «Aún no sé de qué tipo, pero sé que eso es lo que voy a ser».
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El periodista de AP David McFadden está en Twitter como @dmcfadd
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