Donald Trump ha sido simultáneamente un lastre y una bendición para el Partido Republicano en las elecciones intermedias.
De cara a las elecciones del martes, que decidirán el control del Congreso y una serie de contiendas estatales clave, el presidente ha ayudado a sus aliados a recaudar dinero, ha definido de manera efectiva contiendas en todo el país e incluso ha frustrado las aspiraciones políticas futuras de posibles rivales demócratas.
Pero al mismo tiempo, los demócratas han tratado de utilizar la disminución de la popularidad de Trump para movilizar a su base, aspirando a obtener avances electorales que aten las manos de Trump durante su tiempo restante en el cargo.
De hecho, el mayor activo de Trump en la campaña también podría ser su mayor debilidad. Las reformas políticas sin precedentes emprendidas durante su segundo mandato han sido esenciales para gran parte de su apoyo, pero la ira por los costos que han supuesto podría llevar a los demócratas de nuevo al poder.
«No estoy en la papeleta, pero puede que yo sea lo que más importa», dijo Trump durante un mitin a principios de mes en Michigan.
El presidente ha mencionado su nombre en ocasiones en una advertencia a los probables candidatos presidenciales demócratas para 2028, a la vez que ha estado tratando de aventajarlos en política.
Trump amenazó la semana pasada con arrestar a Zohran Mamdani, el alcalde socialista demócrata de la ciudad de Nueva York. En la misma semana, anunció que estaba interviniendo el gobierno de la ciudad de Washington D.C., citando un aumento de delitos violentos —que no existe—.
El presidente también ha mostrado su voluntad de enfrentarse a los demócratas en territorio favorable. Se reunió con Elissa Slotkin, la senadora y posible aspirante demócrata a la presidencia en 2028, cuando esta trató de impedir que hablara con la prensa tras un intercambio de reproches la semana pasada en Michigan. Trump retó a Slotkin a participar en el debate, diciéndole: «Postúlate a la presidencia, Elissa».
Los republicanos que se postulan para cargos inferiores tienen menos herramientas a su disposición.
«La mayor parte de la mala prensa está generada por los demócratas del Congreso y las pésimas políticas que impulsan», aseguró Trump en su mitin en Michigan.
Unas elecciones cruciales para el Senado
Un puñado de escaños, entre los que se encuentran algunos que están en el aire en estados indecisos, determinará si los republicanos retienen su estrecha mayoría en el Senado.
La republicana Susan Collins, quien ganó en Maine en 2020 a pesar de que Trump perdió en las votaciones del estado ese mismo año, ha evitado alinearse demasiado con el presidente con la esperanza de que los votantes la vean como una moderadora independiente. Collins ha recibido un impulso por parte de los candidatos que se han retirado de la contienda para favorecerla, entre ellos la exgobernadora republicana moderada de New Hampshire Kelly Ayotte.
Pero, aunque los aliados de Trump han tratado de inclinar las primarias en favor de los candidatos de su elección, esas maniobras no han garantizado el éxito en noviembre.
Trump no acudió en respaldo de la senadora Susan Collins de Maine de cara a su contienda por la reelección, pero sus aliados contribuyeron a despejar el camino para John Cornyn en Texas. El exsenador no pudo asegurarse el respaldo de Trump en las primarias, pero sí contó con el apoyo de los líderes republicanos del Senado, que invirtieron decenas de millones de dólares en anuncios para promover su candidatura frente a Ken Paxton, el fiscal general del estado.
Lo que está en juego en las intermedias es más que simplemente quién gana. Si el partido controla el Senado, eso marcará la perspectiva de Trump en materia judicial, sus nombramientos para el gabinete y otras posiciones gubernamentales en los próximos años.
En Carolina del Norte, el exgobernador Roy Cooper tiene posibilidades de darle la vuelta a un escaño republicano después de que Thom Tillis optara por no presentarse a la reelección en un estado donde los republicanos han dependido en gran medida de victorias por un margen mínimo.
Otra republicana que corre peligro es la exrepresentante federal Joni Ernst en Iowa, que ganó por poco en 2020. El recién elegido senador demócrata de Arizona Rubén Gallego es otro objetivo importante de los republicanos en un estado que Trump se adjudicó en las últimas elecciones.
En Alaska, la senadora republicana Lisa Murkowski es favorita para lograr la reelección, pero podría enfrentar dificultades en las elecciones generales clasificadas por orden de preferencia del estado frente al demócrata Charles Ballard y un aspirante independiente.
Una contienda por la Cámara Baja definida por los nuevos mapas
Los republicanos también han tratado de aprovechar su uso sin precedentes del poder gubernamental para remodelar el mapa electoral de la Cámara de Representantes. Los cambios, impulsados por Trump, hicieron que republicanos y demócratas empezaran a competir en varios distritos que habían sido modificados para favorecer a un partido u otro.
Los nuevos distritos de Texas propiciaron que los demócratas reforzaran sus distritos alrededor de Houston, con miles de nuevos votantes de tendencia demócrata a la vez que los distritos republicanos se volvían más competitivos. Se espera que el republicano moderado Kevin Kiley de California pierda su escaño tras el rediseño de distritos realizado el año pasado.
Los republicanos también confían en defender su mayoría en la Cámara Baja con la misma estrategia electoral que utilizó Trump en 2024, que le ayudó entre votantes latinos y otros votantes de la clase trabajadora, al tiempo que tratarán de atraer a los demócratas con políticas económicas populistas.
Un distrito que los republicanos esperan retener es el que dejó vacante el republicano Don Bacon, un moderado que se volvió cada vez más crítico con Trump. Su escaño en Omaha, Nebraska, es uno de los más competitivos en ciclo intermedio.
Bacon le dijo al periódico Omaha World-Herald que apoya al candidato demócrata para sucederle. «Nuestro distrito respaldó a Kamala Harris en 2024. John va a ganar. Lo va a ganar», dijo Bacon al referirse a John Cavanaugh en una entrevista el mes pasado.
El papel de Trump y la amenaza latente de las elecciones de 2028
La intensidad de la campaña ya indica que no se trata de unas elecciones intermedias normales.
Trump ha prometido usar su influencia para ayudar a los republicanos a ganar las elecciones intermedias, y ha empleado todo su poder mediático para enfocar la atención en sus políticas más populares, incluida una agresiva política exterior y una ofensiva contra la inmigración.
Durante toda la contienda electoral, Trump también ha tenido que nadar contra la corriente. Los demócratas atacaron a Trump por su gestión de la inflación y se apoyaron en mensajes contra la corrupción, lo que ayudó a convertir el descontento generalizado con la política de la Casa Blanca en energía para las urnas.
«Es literalmente como un conductor ebrio», señaló la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, durante una audiencia en el Senado a principios de mes, al comparar a Trump con un hombre que recorría otro tipo de camino político. «Está haciendo zigzags y causando daño a todo lo que se interpone en su camino».
Los posibles candidatos demócratas a la presidencia en 2028 —entre ellos el gobernador de Kentucky Andy Beshear, el exgobernador de Illinois JB Pritzker y el exsecretario de Transporte Pete Buttigieg— ya han empezado a posicionarse para unas elecciones que podrían definir el futuro del partido.
Fuente: Meg Kinnard, Steven Sloan, Joey Cappelletti y Stephen Groves/Associated Press
📷 AP Foto/Charlie Neibergall