El saliente presidente Gustavo Petro dio su discurso de despedida el lunes fiel a su estilo de liderazgo ante miles de seguidores que lo vitoreaban al tiempo que rechazaban al mandatario electo, el conservador Abelardo de la Espriella, quien lo sucederá a partir del 7 de agosto.
Mientras Petro aseguraba que se trata de una despedida “transitoria”, la multitud respondía coreando “Y va a volver y va a volver, Gustavo Petro va a volver”, pese a que en Colombia está prohibida la reelección presidencial.
Su discurso sucedió en el marco de la conmemoración de la independencia de Colombia y la posterior instalación del renovado Congreso, en el que De la Espriella deberá buscar el apoyo de otros partidos para tener la mayoría.
La victoria de De la Espriella en el balotaje presidencial significó una derrota para Petro, quien respaldaba al senador oficialista Iván Cepeda, segundo en la reñida votación del 21 de junio.
Pese a que la autoridad electoral certificó la victoria de De la Espriella, Petro la desconoció e insistió en un supuesto fraude, sin mostrar evidencias.
“El pueblo de Colombia eligió como presidente a Iván Cepeda”, sentenció Petro, quien prometió divulgar en las próximas horas pruebas del presunto fraude e insistió en que el presidente estadounidense Donald Trump tuvo que ver en el triunfo de De la Espriella al apoyarlo, lo que a su juicio amerita “anular” la elección.
“Será un sirviente de los gobernantes de Estados Unidos que lo ayudaron a elegir”, reprochó Petro.
La postura política de Petro significó un quiebre en la transición de gobierno oficial, que no ha tenido el transcurso normal de los preparativos para que De la Espriella asuma el poder.
El objetivo de Petro es “demostrar que es influyente, que no fue un desvanecer del gobierno, sino que esta es una izquierda que ha llegado para quedarse en la vida política colombiana”, aseguró el analista político Sergio Guzmán a The Associated Press.
Petro resaltó que el “pueblo” estaba representado en los miles de habitantes de barrios populares del sur de Bogotá que lo fueron a despedir.
“Petro es un gran ser humano… él ama al pueblo y el pueblo está en el sur, esto es histórico”, dijo a la AP conmovida Vanesa Bermudez, de 33 años, mientras sostenía un muñeco de peluche que representaba a Petro.
De la Espriella denunció el lunes que recibió información de inteligencia sobre un posible plan para atentar en su contra durante actividades públicas. La guerrilla Ejército de Liberación Nacional y las disidencias de la extinta guerrilla Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia habrían ofrecido dinero para ejecutarlo, agregó el comunicado.
El mandatario electo planea presionar a los ilegales con operaciones militares y suspender las mesas de diálogo de paz abiertas por Petro.
Petro, quien fue sancionado por el Departamento del Tesoro estadounidense por presuntos vínculos con el narcotráfico del que no ofrecieron pruebas, defendió su política de paz y seguridad, asegurando que dialogar fue más efectivo para disminuir los cultivos de hoja de coca ofreciéndoles opciones legales a los campesinos.
A su juicio, las sanciones de Estados Unidos no son para narcotraficantes sino para quienes se oponen al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, a quien ha señalado de cometer “genocidio” en la Franja de Gaza. “Yo me sigo oponiendo así me entierren en una cárcel”, aseguró al instalar el nuevo Congreso.
La conquista del Congreso
De la Espriella conquistó las urnas con su imagen de outsider al margen de los partidos tradicionales a los que criticó, aunque recibió su respaldo en la segunda vuelta.
Sin embargo, en el Congreso —donde los partidos tradicionales tienen considerable poder— el gobierno electo deberá tramitar iniciativas clave como el presupuesto estatal y el plan de desarrollo donde quedarán consignadas sus principales propuestas, entre ellas construir grandes cárceles al estilo de El Salvador.
“La política de seguridad ciudadana no depende de que se hagan más megacárceles como en El Salvador, depende de que caiga la pobreza, que haya más educación”, recalcó Petro.
Así que De la Espriella deberá lidiar con los partidos políticos tradicionales —especialmente los de perfil conservador con los que se negó a hacer una alianza durante la campaña— dado que el Movimiento Salvación Nacional que lo respaldó desde un inicio es minoritario.
Los 103 senadores y 182 representantes a la Cámara que inician su periodo el lunes por un periodo de cuatro años fueron elegidos en marzo en unas elecciones clave en las que, aunque ningún partido tiene la mayoría, la fuerza más votada en el Senado fue el Pacto Histórico de Petro. Por lo tanto, De la Espriella enfrentará una oposición robusta.
Cepeda, quien aceptó una curul en el Senado que es concedida al que quedó segundo en la votación presidencial, indicó que su oposición será de “desobediencia civil pacífica. Eso implicaría no seguir órdenes cuando considere que atentan contra los “principios constitucionales y derechos fundamentales de los colombianos”, según dijo a la prensa el viernes.
Petro pidió a sus seguidores alistarse para la “resistencia pacífica» y recurrir a las huelgas en caso de que De la Espriella intente quitar beneficios a los trabajadores, estudiantes y campesinos.
“Abelardo lejos de tener la mayorías, tampoco tiene control. Está bastante claro que los votos los va a tener que buscar, lo que implica que va a tener que negociar, hacer algunas concesiones que para él son incómodas e inusuales en su forma de pensar y de gobernar”, aseguró Guzmán.
La relación entre el Ejecutivo y el Legislativo en Colombia suele ser “transaccional”, explicó Guzmán, por lo que en el pasado gobiernos que querían tener independencia frente al Congreso tuvieron que “aguar su agenda o entrar a transar con burocracia”.
Fuente: ASTRID SUÁREZ Associated Press
(Foto AP/Fernando Vergara)