El reciente arresto en Estados Unidos de un ciudadano acusado de actuar durante años como presunto agente del gobierno cubano ha vuelto a poner bajo los reflectores las complejas redes de influencia que opera La Habana en el exterior.
En una entrevista radial, el analista de temas cubanos y director de la organización Cuba Siglo XXI, Juan Antonio Llosa, abordó cómo regímenes autoritarios utilizan organizaciones de apariencia civil o humanitaria para proyectar sus agendas políticas internacionales. Aunque evitó pronunciarse sobre los detalles legales específicos del nuevo detenido, Llosa profundizó en la táctica de la «diplomacia de influencia».
Como ejemplo de estas estructuras, el experto mencionó al Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), describiéndolo como una pieza clave en la estrategia de «poder blando» de la isla. Según Llosa, estas plataformas combinan actividades culturales con objetivos de inteligencia, facilitando contactos políticos y la construcción de narrativas favorables bajo el camuflaje de formatos no gubernamentales.
El director de Cuba Siglo XXI amplió su exposición señalando que esta dinámica global de competencia mediante redes de influencia política y mediática ha sido una constante desde los años de la Guerra Fría, adaptándose hoy a los nuevos escenarios tecnológicos y civiles para penetrar en las sociedades democráticas.
