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Cómo Starmer pasó de héroe del Partido Laborista a renunciar en menos de 2 años

por Actualidad Radio

El primer ministro de Reino Unido Keir Starmer llegó al cargo tras conducir a su partido a una victoria arrolladora en 2024. Menos de dos años después, renunció ante la rebelión en la formación luego de las pérdidas generalizadas en las elecciones locales.

La popularidad de Starmer se desplomó en medio de una economía en dificultades, una serie de errores políticos, un nombramiento especialmente desacertado y una aparente falta de visión.

Esta combinación de retos derivó en una derrota aplastante de su Partido Laborista en las elecciones locales de esta primavera y a llamados a su renuncia, lo que despejó el camino para que un posible rival diera un paso al frente y, finalmente, lo apartara del cargo el lunes.

A continuación, un vistazo a cómo se desmoronó su efímero mandato como primer ministro.

Laboristas llegan al poder tras 14 años de gobierno conservador

La coronación de Starmer el 4 de julio de 2024 dio paso al optimismo en el Partido Laborista, al conquistar 411 de los 650 escaños en el Parlamento y desbancar al Partido Conservador tras 14 años en el poder. Supuso un cambio radical con respecto a las históricas pérdidas de los comicios anteriores.

La ministra del Interior, Shabana Mahmood, afirmó que Starmer nunca sería olvidado por haber llevado al “partido desde el borde del abismo, de vuelta al poder”.

En su discurso de victoria, Starmer habló de renovación nacional y de un cambio que devolvería al gobierno su papel de apoyar a “la gente trabajadora”.

“Y ahora podemos mirar hacia adelante”, manifestó. “Caminar hacia la mañana, hacia la luz del sol de la esperanza, tenue al principio pero que se va intensificando a lo largo del día, brillando una vez más sobre un país con la oportunidad, después de 14 años, de recuperar su futuro”.

Las nubes de tormenta no tardaron mucho en aparecer.

Starmer heredó una economía rezagada y tuvo que revertir cambios impopulares

Con las finanzas públicas británicas golpeadas por la pandemia del COVID-19 y las repercusiones de la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, su gobierno no tenía precisamente mucho margen para grandes concesiones.

Los votantes, que tenían dificultades para hacer frente a sus facturas, habían echado a los conservadores, pero los esfuerzos iniciales del Partido Laborista por enderezar la economía no lograron un cambio significativo.

Si acaso, Starmer y su jefa del Tesoro, Rachel Reeves, empeoraron las cosas al mostrarse excesivamente pesimistas sobre la situación que habían heredado. Sus comentarios pesimistas lastraron la confianza e impulsaron a empresas y consumidores a replegarse aún más.

Sus primeras medidas políticas tampoco ayudaron.

El programa electoral laborista descartaba específicamente aumentos en el impuesto sobre la renta y el impuesto sobre el valor añadido. Ante la necesidad de tapar un agujero en las finanzas públicas, optaron por aumentar una tasa que las empresas abonan por su personal.

Eso resultó impopular y muchas compañías optaron por recortar la contratación.

Otros cambios políticos provocaron rechazo en la población y Starmer se vio obligado a dar una serie de vergonzosos giros de 180 grados que dieron capital político a sus oponentes y alimentaron la creencia de que el primer ministro no defendía gran cosa.

El gobierno abandonó un plan para poner fin a los subsidios para la calefacción durante el invierno para millones de jubilados, se retractó de sus duros planes para recortar el gasto en bienestar social y suavizó un nuevo impuesto sucesorio agrícola después de que agricultores enfurecidos protestaron y colapsaron las calles de Londres con tractores.

Fuera del ámbito económico, hubo más bandazos, como la decisión de Starmer de abrir una investigación nacional sobre el abuso sexual infantil organizado tras la presión de la oposición —y de Elon Musk.

Nombramiento de amigo de Epstein como embajador en EEUU sale mal

La decisión del primer ministro de nombrar al controvertido laborista Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos —pese a saber que había sido amigo del delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein— resultó muy contraproducente.

En un primer momento, la decisión de enviar a un hombre apodado el “príncipe de las tinieblas” por su despiadada labor como asesor de imagen pareció un golpe maestro para ganarse al impredecible presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La experiencia comercial de Mandelson y su facilidad para relacionarse con multimillonarios ayudaron a cerrar un acuerdo comercial con Washington con aranceles más bajos para Reino Unido que para muchos otros países.

Pero cuando en septiembre de 2025 surgieron revelaciones de que Mandelson había estado mucho más cerca del fallecido financiero Epstein de lo que había dado a entender, Starmer lo despidió.

Sin embargo, ese nombramiento lo ha perseguido.

El criterio de Starmer quedó aún más en entredicho cuando archivos internos del gobierno mostraron que Mandelson fue designado para el puesto pese a haber sido calificado como un “riesgo reputacional”. Otros acontecimientos mostraron que Mandelson no había superado una verificación de antecedentes de seguridad antes de su designación y que estaba siendo investigado por acusaciones de haber pasado información gubernamental sensible a Epstein cuando era ministro hace más de 15 años.

Mandelson ha negado cualquier irregularidad.

Aparecen los rivales tras paliza electoral a laboristas

La popularidad de Starmer estaba por los suelos cuando su formación de centroizquierda sufrió un desastroso descalabro en los comicios locales el mes pasado, lo que puso en marcha las maniobras políticas que finalmente condujeron a su caída unas seis semanas después.

Más de 100 diputados laboristas en el Parlamento pidieron su renuncia luego de que Reform UK, un partido relativamente nuevo, contrario a la inmigración y de ultraderecha, lograra el mayor número de escaños a nivel local y de que un Partido Verde en ascenso le arrebatara votantes a la izquierda.

Varios ministros del gobierno, incluido el secretario de Salud, Wes Streeting, renunciaron en protesta, alimentando la especulación de que desafiaría a su antiguo jefe.

Un miembro del Parlamento renunció para dejar paso a que Andy Burnham, el popular alcalde de Manchester, regresara a Londres y se enfrentara a Starmer.

Tras la victoria de Burnham la semana pasada, Starmer se recluyó durante el fin de semana en la residencia campestre del primer ministro para considerar sus opciones, mientras algunos miembros relevantes del partido lo instaban a fijar un calendario para su renuncia.

Un emocionado Starmer anunció el lunes por la mañana que dejaba el cargo. Burnham asumió más tarde como diputado en la Cámara de los Comunes, donde fue recibido como un héroe.

Queda por ver si alguien además de Burnham da un paso al frente cuando el comité ejecutivo nacional del Partido Laborista abra las nominaciones el 9 de julio para reemplazar a Starmer.

Fuente: BRIAN MELLEY Associated Press

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