Durante la más reciente emisión del programa Cada Tarde, el experto en seguridad e inteligencia, Arturo Grandón, analizó los riesgos operativos que enfrentan los organismos de seguridad en Estados Unidos. Grandón vinculó las falencias en los procedimientos con los recientes y polémicos incidentes que involucraron a agentes de ICE en Minnesota.
Insuficiente preparación de los agentes
Grandón enfatizó que uno de los problemas fundamentales es la capacitación deficiente de los funcionarios. Según el especialista, muchos agentes carecen de entrenamiento sólido en áreas críticas como:
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Técnicas de reducción y control efectivo de personas.
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Procedimientos de detención y transporte seguro de detenidos.
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Uso de herramientas tecnológicas y conocimiento de los límites legales y derechos civiles.
“Como resultado, operaciones que podrían resolverse rápidamente se complican, generando riesgos innecesarios y conflictos graves”, explicó Grandón.
El factor humano y el riesgo tecnológico
El experto destacó que el factor humano sigue siendo la principal vulnerabilidad del sistema. La falta de protocolos claros permite que los agentes actúen bajo sesgos, lo que deriva en identificaciones incorrectas y atropellos a personas inocentes. Si bien la tecnología es una herramienta poderosa, Grandón advirtió que su aplicación sin entrenamiento especializado conlleva un riesgo real de «control indebido de la población».
Respecto a la gestión de ICE, el analista señaló que el enfoque debe estar en identificar a individuos con órdenes judiciales pendientes o antecedentes criminales, y no en la persecución indiscriminada de personas indocumentadas. “El estatus migratorio por sí solo no convierte a alguien en criminal”, recordó.
Protestas y grupos externos
El especialista también se refirió a la complejidad de las manifestaciones actuales. Explicó que la violencia en las protestas no suele surgir de la causa cívica en sí, sino de la intervención de grupos externos pagados para crear desorden, sumado a la falta de preparación de los agentes para manejar estas situaciones de alta tensión.
En conclusión, Grandón insistió en que la clave para una seguridad efectiva no es «demonizar la tecnología», sino garantizar un entrenamiento integral y una supervisión constante que permita diferenciar con precisión a los criminales de la población civil.