Este 24 de febrero se conmemora el trigésimo aniversario del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, un evento que marcó un antes y un después en las relaciones entre Washington y La Habana. En 1996, dos aeronaves Cessna 337, dedicadas a la localización humanitaria de balseros, fueron abatidas por aviones MiG de la Fuerza Aérea cubana en aguas internacionales, provocando la muerte de cuatro personas: Carlos Costa, Mario de la Peña, Pablo Morales y Armando Alejandre Jr.
El periodista Wilfredo Cancio, editor de Café Fuerte, recordó que este ataque —atribuido a la orden directa de Raúl Castro— tuvo consecuencias legislativas y de seguridad inmediatas:
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Ley Helms-Burton: El derribo aceleró la firma de esta ley en marzo de 1996, codificando el embargo hacia la isla.
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Red Avispa: El incidente intensificó las investigaciones federales que llevaron al desmantelamiento de la red de espionaje cubano en 1998.
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Punto de inflexión: Para Cancio, este episodio eliminó cualquier posibilidad de normalización en aquel momento y reforzó el escrutinio sobre la inteligencia cubana en suelo estadounidense.
Tres décadas después, el aniversario se produce en el contexto de la peor crisis económica y social en la historia contemporánea de Cuba. Aunque el exilio mantiene vivo el reclamo de justicia y rendición de cuentas, la isla enfrenta una precariedad extrema que mantiene el debate sobre una transición política más vigente que nunca.