16 May / 08:28 am

La incierta realidad de los Marlins de Miami

La situación de los lanzadores es grave. Antes de comenzar la zafra se esperaba que la rotación fuera un problema, y es por ello que se decidió reforzar el bullpen para que balanceara un poco el cuerpo de serpentineros

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El dominicano Edinson Vólquez (derecha), de los Marlins de Miami, habla en el montículo con el átcher J.T Realmuto y con el manager Don Mattingly (centro), durante la quinta entrada del juego ante los Rays de Tampa Bay, el martes 2 de mayo de 2017 (AP Foto/Lynne Sladky)

Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

La situación actual de los Marlins de Miami es para preocuparse. El buen comienzo de temporada que tuvieron no luce más que un espejismo en la lejanía de un terreno que produjo una efímera, y tal vez ficticia, esperanza de que el equipo pudiera tener un año competitivo.

Aún es temprano. No sería la primera vez que un conjunto de pelota le diera la vuelta a su temporada a poco más de un mes de comenzada. Un ejemplo cercano es el de los mismo Marlins del 2003, cuando despidieron a su mánager luego de 38 encuentros, en los que acumularon marca de 16-22. Luego llegaron a estar 10 por debajo de .500, pero el equipo que jugaba para entonces en Miami Gardens se las ingenió para ganar ese año su segunda Serie Mundial.

Pero esa historia se está convirtiendo en una leyenda, en la que los Marlins parecen mirar cada año, tras un comienzo decepcionante, con la esperanza de repetir algo similar. No ha sido así. Olviden la Serie Mundial, los Marlins ni siquiera han podido clasificar desde entonces.

Esta campaña no ha sido la excepción, al estar sumergidos en una situación que no pareciera tener salida. A diferencia de ese conjunto del 2003, la rotación no cuenta con nombres como los de Josh Beckett, Carl Pavano, Brad Penny y Dontrelle Willis, sin mencionar los Miguel Cabrera, Derek Lee, Iván Rodríguez y Mike Lowell que controlaban la ofensiva.

La situación de los lanzadores es grave. Antes de comenzar la zafra se esperaba que la rotación fuera un problema, y es por ello que se decidió reforzar el bullpen para que balanceara un poco el cuerpo de serpentineros. Pero hasta ahora no hay quien pueda frenar a la ofensiva rival de manera constante.

El bateo no ha estado del todo mal. Pero la cosa preocupa cuando ves que Marcell Ozuna y Giancarlo Stanton, corazón ofensivo del equipo, están dando los cuadrangulares que esperabas, pero no se están traduciendo en victorias.

Sin embargo, cuando intentas buscar respuestas sobre cómo pudiera rescatarse esta temporada, se escucha un vacío abismal que recorre un Marlins Park acostumbrado más al eco que a celebraciones.

Realizar un cambio por un abridor competente luce imposible por la escasez de prospectos que tiene el equipo en las menores, misma razón por la cual no vendrá ningún novato a salvar el año por los Marlins: no hay algún Cabrera, José Fernández o Bryce Harper esperando su turno. Braxton Garrett es el único Marlin que aparece entre la lista de los 100 mejores prospectos en las Mayores (37), y sólo ha tenido una presentación como profesional en su carrera.

La respuesta pareciera ser sencilla, comenzar una nueva reconstrucción al estilo de los Cachorros, cuando cambiaron a sus estrellas, con las que sabían no iban alcanzar grandes cosas, como Alfonso Soriano, Carlos Zambrano o Aramis Ramírez –todos fuera de la liga—para nutrir sus granjas y armar lo que hoy tienen.

Pero hasta que yo sepa Theo Epstein no está en Miami, y esa reconstrucción dependería, hasta ahora, de la misma gerencia que en el 2012 prefirió a Justin Nicolino por encima de Noah Syndergaard, en esa última vez que desmantelaron al equipo.

Pero todo indica que este grupo no estará al frente del equipo por mucho tiempo, lo que cambia el panorama un poco. Ya Jeffrey Loria, propietario de los Marlins, ha dejado claro que no le interesa el futuro de la franquicia, con los contratos que ha negociado y dejando al equipo sin prospectos gracias a cambios innecesarios; como el de Andrew Cashner del año pasado, por nombrar sólo uno.

No se sorprendan si el primer movimiento de Derek Jeter y Jeb Bush, si finalmente son ellos los nuevos dueños del equipo, no sea invertir dinero en la nómina del equipo, sino hacer borrón y cuenta nueva con la franquicia, con la intención de construir desde cero, pero con bases sólidas, un nuevo equipo de los Marlins de Miami.

Además, ¿quién no quiere ver a Jeter como pilar fundamental en la construcción de un equipo competitivo?

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