12 Mar / 10:03 am

¿Inversión, derechos o conveniencia? Por qué los cubanos se están repatriando a Cuba

Según cifras del gobierno cubano, en el 2017 hicieron los trámites de repatriación 11,176 personas, la mayoría desde Estados Unidos. En noviembre del 2016, José Ramón Cabañas, embajador de Cuba en Estados Unidos, dijo que desde el 2015 se habían repatriado 13,000 personas

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Desde que René se quedó viudo hace ocho años, Miami es para él un lugar desolado.

A pesar de que el guantanamero de 78 años vive con su hija y su nieta, pasa la mayoría del tiempo solo. Su objetivo es regresar a Cuba y para ello empezó el proceso de repatriación en julio.

“La soledad me mata”, dice René. “El fin de los viejos aquí es ir a parar a un home porque la familia no se puede dedicar a cuidarnos. Y para mí eso sería lo último que pudiera pasarme”.

René llegó a Miami en el 2004 como refugiado político. En la actualidad es ciudadano norteamericano y quiere reunirse con los dos hijos, los cuatro hermanos, y varios nietos y bisnietos que tiene en Guantánamo.

“No me arrepiento de haber venido para acá. Si te digo eso soy un ingrato”, dice el jubilado, que pasó cinco años en las cárceles de la isla por razones políticas antes de venir a Estados Unidos. “Pero en Cuba el ambiente es distinto, vas de un lado a otro [del vecindario] y hablas con la gente. Aquí uno se pasa un mes y no ve al vecino”.

René, como la mayoría de los entrevistados por el Nuevo Herald para este reportaje, no quiso dar su nombre verdadero, entre otras razones porque todavía está en espera de que finalicen los trámites para repatriarse. Ellos forman parte de una tendencia que va en aumento después de la reforma migratoria emprendida en el 2013 por Raúl Castro: la repatriación a la isla.

Esta reforma ha permitido a los cubanos que salieron del país antes de esa fecha, llamados “emigrados” por el gobierno de Cuba, solicitar su retorno y residencia permanente en el país. Después de hacer los trámites para la repatriación en las representaciones diplomáticas o consulares del país en que viven, o en la oficinas del Ministerio del Interior en Cuba, pueden recuperar sus derechos como residentes en la isla.

Esto no incluye en ningún sentido la recuperación de propiedades confiscadas a su salida de la isla. Era una práctica común que a las personas que se iban de manera “definitiva” —como lo consideraba entonces el gobierno— se les exigiera entregar la casa en que vivían.
Según cifras del gobierno cubano, en el 2017 hicieron los trámites de repatriación 11,176 personas, la mayoría desde Estados Unidos. En noviembre del 2016, José Ramón Cabañas, embajador de Cuba en Estados Unidos, dijo que desde el 2015 se habían repatriado 13,000 personas. Una cifra similar, 14,000 personas, dio Juan Carlos Alonso Fraga, director del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI) de la isla en el programa de la televisión cubana Mesa redonda.

“Son [cubanos] de todas las edades y de ambos sexos, aunque hay una preponderancia de personas mayores de 50 años”, dijo Fraga en esa ocasión, indicando que la tendencia del 2016 se mantenía en el 2017.

Según testimonios de los entrevistados por el Nuevo Herald, las razones por las que deciden repatriarse son muy disímiles. Algunos como René quieren pasar sus últimos años en su tierra junto a la familia, otros van a recibir cuidados médicos, a recuperar la posibilidad de heredar la vivienda familiar o a comprar una casa, a preparar el terreno para retirarse en un lugar donde el costo de la vida sea más barato e incluso a hacer activismo político dentro de la isla.

Este último es el caso de Iliana Hernández, activista de la organización opositora Somos+, que se repatrió desde España en el 2016.

“Lo hice porque hay que educar al cubano para que pierda el miedo y para mostrar con mi actitud que podemos luchar por nuestros derechos a través de la lucha no violenta”, dice Hernández, que sí se identificó con su verdadero nombre.

Hernández, que tiene ciudadanía española, afirma que vive de manera definitiva en la isla, pero, “viajo al exterior a respirar un poco y vivir la democracia”.
Residir en Cuba, vivir en otra parte

Sin embargo, la mayoría de los repatriados no planean establecerse de manera definitiva en la isla. La reforma migratoria también permitió que los cubanos residan hasta 24 meses fuera del país sin perder sus derechos ni propiedades.

“Todo es una cuestión de dinero. La gran mayoría no se repatria porque quiere vivir en Cuba, sino porque esta situación les permite tener ciertas ventajas económicas”, dice Manuel, que inició el proceso de repatriación a principios del 2018 y planea seguir viviendo en Miami.

Estas ventajas económicas incluyen el ahorro en la tramitación de documentos como el pasaporte. A un cubano que reside en Estados Unidos le cuesta $400 obtener el pasaporte de su país, que necesita para viajar a la isla. Con el estatus de residente en Cuba, solo le costaría $100. La renovación, que se realiza cada dos años, le saca del bolsillo al cubano de afuera $200, mientras que si es residente en Cuba, solo $25.

También al regresar como residentes a la isla, los cubanos tienen derecho a llevar un cargamento por vía marítima que se denomina el menaje de casa, que incluye electrodomésticos, muebles y enseres, y que no paga aranceles de aduana. Además, desde la isla pueden importar artículos no comerciales en moneda nacional.
Manuel, de 39 años, espera beneficiarse sobre todo de las reducciones en el costo de los documentos, pero su motivación fundamental para recuperar la residencia en Cuba es que no le impidan entrar al país.

“No quiero que me ocurra como a Ofelia Acevedo, viuda [del fallecido disidente] Oswaldo Payá Sardiñas, que no la dejaron entrar a Cuba. Mientras que a su hija, Rosa María Payá, sí la dejan porque continúa siendo residente en el país”, explica Manuel.

“Cuando eres emigrado, el gobierno puede negarte la entrada al país, mientras que cuando eres residente puedes entrar las veces que quieras. De hecho vives en Cuba, aunque vivas en Miami”, añade.

Entre los requisitos para ser aceptado como repatriado en Cuba, la persona debe tener alguien que lo acoja en su casa y se haga responsable de su manutención hasta que pueda hacerlo por sí mismo.
Sin embargo, la mayoría de los que regresan cuentan con sus propios recursos económicos y en muchos casos tienen intención de invertir en un pequeño negocio, como un restaurante “paladar” o una peluquería.

“La gente se lleva de Miami ropa y medicinas y las revende”, ejemplifica Manuel sobre los medios de vida y recursos de los repatriados.

De acuerdo con su experiencia, en la entrevista con el personal de Inmigración en Cuba hacen preguntas como: ¿Tiene planes de invertir o a hacer un negocio en la isla?; ¿a qué piensa dedicarse?; razones por las que regresa y la profesión que tiene en el país en que reside actualmente.

Ron Havana Club lanzó su nueva campaña “Por siempre cubano” en la que destaca cómo los cubanos mantienen sus raíces al igual que esa marca que aunque ya no se produce en Cuba “siempre será una marca” de la isla caribeña. ron Havana Club

En su caso argumentó que quiere regresar para cuidar a su mamá. Sin embargo, pudo escuchar que otra persona que hacía los mismos trámites dijo en la entrevista que regresaba porque “estaba arrepentido de haber caído en las patrañas del imperialismo y que vivir en Estados Unidos no era lo que esperaba”.

“Conversé con ese hombre y todo era mentira. Solo quería entrar a Cuba y seguir viviendo en West Palm Beach”, contó.

El derecho a heredar y a comprar

Manuel considera que la repatriación es “ilegal”, y “solo la puede concebir la mente macabra de los Castro”.

“Cómo voy a perder mis derechos por ir a vivir a otro lugar. A nadie le cabe en la cabeza que tengas que repatriarte en tu propio país”, afirma.

El término “repatriación” también le disgusta a Beatriz, que salió de Cuba hace 25 años y para ella siempre será su “patria”.

“Quiero recuperar mis derechos como ciudadana cubana”, dice sobre las razones que tuvo para iniciar el proceso de repatriación el año pasado. “Por ejemplo, el derecho a heredar la casa de mi mamá. Aquí [en Miami] tengo un buen salario y una casa que aún estoy pagando, pero en Cuba está la casa de mi familia, que de otra manera se perdería”.

El derecho a heredar es uno de los que recuperan los repatriados, que también pueden comprar una casa en la isla.

“Eso me llama la atención, poder comprar una propiedad”, confiesa Beatriz, que no considera un riesgo invertir en Cuba y dice que no fue víctima de expropiación porque, a su salida de la isla, vivía en la casa de su mamá.

“Mayor riesgo es darle el dinero a otra persona para que me compre una propiedad en Cuba”, apunta. “Uno toma riesgo con todo lo que hace. Aquí mismo en Miami pasó, muchas amigas mías perdieron sus casas cuando la crisis de la vivienda”.

Sus planes a largo plazo son retirarse en Cuba, una “posibilidad” que se ha abierto con la repatriación.

El derecho a la salud

Una grave enfermedad fue la que llevó a Armando a repatriarse en diciembre del 2016. Un año antes le diagnosticaron un cáncer de estómago en etapa cuatro.

Sin síntomas hasta ese momento, Armando, de 40 años, comenzó un proceso médico que incluyó una peligrosa cirugía que se complicó con una septicemia.

Hoy, totalmente recuperado, Armando cuenta desde Nueva York que, después de haberse sometido a ocho operaciones y un tratamiento de quimioterapia, su esposa lo abandonó, llevándose a su hijo.

“Me quedé solo y sin dinero, sin poder levantarme ni hacer nada”, cuenta.

Ya para entonces se había quedado sin seguro médico al perder el trabajo, y se le habían terminado los beneficios por incapacidad.

Desde Cuba, su madre no vio otra opción que pedir una visa humanitaria para llevárselo a la isla. Y lo consiguió.

Como había perdido sus derechos como cubano, tenía que atenderse en la Clínica Cira García, de Miramar, que le cobraba en dólares al considerarlo extranjero.

Fue así como decidió repatriarse para recuperar sus derechos como cubano, entre ellos a la atención médica. Pudo seguir el tratamiento en el Hospital Oncológico, en El Vedado

Permaneció cuatro meses en la isla y se recuperó, pero nunca pensó quedarse.

“Yo le pedía a Dios que no me dejara allí, que ya no pertenecía a Cuba”, recuerda Armando, que dice no podía adaptarse a las escaseces, sobre todo de alimentos, y al maltrato en el servicio.

“Lo que estamos haciendo los cubanos es tratar de recuperar los derechos que nos quitaron. Ningún país te quita los derechos si te vas. Creo que fue un error castigarnos así”.

Para Manuel el recibimiento de los cubanos y la posibilidad de interactuar con ellos es muy valioso.

“Me reí mucho con un testimonio de alguien que contó que antes decían [cuando te ibas de Cuba]: ‘Lola, traidora’ y ahora dicen: ‘Lola, trae dólares’ ”.

En su opinión este regreso no va a propiciar un cambio inmediato, pero sí considera que es una oportunidad para que los cubanos de la isla se relacionen con los que han experimentado otra realidad.

“Creo que eso lleva a una pregunta: ‘¿Qué pasó que a todo el mundo afuera le va mejor?’ ”.

Además, el hecho de que los repatriados recuperen su derecho al voto significa que cuando haya un cambio político ellos van a tener voz y voto en su país, concluye.

Este reportaje es el primero de dos partes.

Sarah Moreno / elNuevoHerald.com / En Twitter: @SarahMorenoENH

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